viernes, 8 de octubre de 2010

El cazador

Sus ojos ambarinos escrutaban cada detalle del paisaje. Hoja por hoja, piedra por piedra… El cazador no dejaba escapar nada a sus sentidos. El olfato le alertaba de la presencia de una presa inminente… pero la vista no ayudaba. ¿Dónde estás pequeño desafortunado? ¿Dónde estás…? Con cada paso que daba, el olor se hacía más penetrante. Podía distinguirlo entre la mezcla de aromas que inundaban su territorio; diseccionando cada particular esencia podía seguir el rastro hasta su futuro almuerzo. Resultaba excitante.

Con sus puntiagudas orejas intentaba percibir sonido alguno que delatase la posición de su trofeo. Pero esa clase de botines siempre son silenciosos y, aunque lo sabe, nunca pierde la esperanza de que su preciado amigo cometa algún error y se deje escuchar.

La saliva caía por la comisura de sus labios. Las fauces entreabiertas no dejaban lugar a dudas sus intenciones. El momento estaba muy cerca. Lo sentía. La adrenalina se agolpaba y bombeaba su pecho arriba y abajo, arriba y abajo… Sus instintos rugían en su interior mientras su bestia interior se abría paso hacia el exterior. No hay lugar para la piedad o la misericordia, es una cuestión de la naturaleza. El fuerte y el débil. Sobrevivir o sucumbir.

De repente… ahí estaba. La insensata criatura descansaba su lomo contra un tronco. Era el momento… Las pisadas del verdugo habían alertado a su víctima, que con sentidos más agudos le había estado esperando con la incertidumbre de aquel que no sabe si, en lugar de una reprimenda, va a recibir un elogio. El tiempo era vital. Se esfumaba. Ahora o nunca.

Tensando sus cuartos traseros, el depredador tomó impulso, y se lanzó contra su objetivo. De la mandíbula sobresalían afilados colmillos dispuestos a despedazar, destruir, devorar. Estaba cerca, casi podía saborear a su preciado tesoro en la boca cuando… Una imperiosa presión en el cuello le obligó a recular. Algo tiraba de él. Le alejaba del tan esperado manjar. Intentaba luchar contra aquella traición pero era inútil, no cesaba, era como si algo divino no quisiese que se llevase a cabo el sacrificio ¿Qué estaba ocurriendo?¿Quién osaba interponerse entre…?

- ¡Venga Link, deja en paz al puto gato!