domingo, 20 de diciembre de 2009

Cita

"La adversidad es la piedra contra la que afilas tu espada"

jueves, 10 de diciembre de 2009

Echando humo

La voz del profesor retumba en la sala

“Vamos Alberto ¡vamos! Ese uno dos... ¡saca la izquierda joder!”

Me encuentro de pie, rodillas ligeramente flexionadas, la guardia demasiado arriba y el bucal a punto de caerse de la boca; el casco me marea y el calor me asfixia…

Mi contrincante no cesa en su lluvia de golpes mientras yo, paralizado, sin saber reaccionar, encajo los golpes lo peor que puedo. Tengo la guardia demasiado arriba, demasiado arriba…

“¡Alberto, ostias, baja la puta guardia!”

No puedo pensar, Estoy agobiado y tengo calor, mi camiseta está empapada de sudor y estoy tan aturdido que no sé ni cómo voy a encontrar el camino al vestuario. Miro el marcador de rounds, quedan dos interminables minutos y mi compañero es imparable. El miedo me tiene paralizado y no puedo dominarlo y, si eso no lo controlas desde el principio, estás perdido.

Cuando conoces el miedo y lo sometes entonces te vuelves peligroso, de lo contrario... Por suerte es un entrenamiento y este calvario acabará pronto. Nunca antes había sentido como esta vez los golpes a través del casco: aguijoneantes, secos, ¡martilleando mi preciada materia gris! Intento esquivar pero todas sus manos llegan a su destino. Mientras el profesor grita, mi compañero intenta tranquilizarme, pero no es consciente de que pone más nervioso aún:

“No estás boxeando, colega, no estás boxeando…”

El puto nervio me tiene poseído y soy como un animal que no tiene escapatoria. Intento tranquilizarme, pero el bucal entrecorta mi respiración e impide que el oxígeno llegue por entero a mi ser. Debo sacar la izquierda, mantenerlo a raya, pero es imposible, me baja la defensa y arremete una vez más con su poderoso directo de derecha. Derecha, hook, derecha… Izquierda, izquierda, derecha hook y upper… Joder, esto es un infierno.

Queda un minuto y estoy a punto de tirarme al suelo. Ya no sé ni por donde entran los golpes. Este hijo de puta no para y yo no consigo alcanzarle… Esquiva mejor de lo que pensaba para la estatura que gasta el muy cabrón. Esto es desesperante. ¡Que acabe ya por favor!

-¿Qué haces tío? ¡No puedes quedarte ahí parado! -dice mi adversario terminando de darle al “saco” y mirándome sorprendido- ¿Qué te pasa joder?

-No lo sé, ostias, no lo sé…- Suena la campana. Chocamos los guantes.

La gente está buscando pareja, pero yo no. Me quito el casco, me apoyo contra la pared y me dejo caer hasta quedar sentado. Doy verdadera pena ¡Este cabrón me ha untado de lo lindo! Nunca había recibido tanto en un entrenamiento. Me siento verdaderamente inútil. Me siento impotente a pesar de que los otros guanteos anteriores no han ido mal (basculando, sacando la izquierda, jugando con las piernas y demás). No sé que ha pasado. Supongo que me dejé llevar por las emociones y subestimé a mi enemigo. Debo entrenar más. Mucho más... por un infierno más digno.