Sed bienvenidos a mi oasis. Donde sólo yo podré esconder mis emociones bajo las palabras sangrantes de un convicto preso de la sociedad, del amor, del dinero, de los sentimientos y de la razón. Estoy atado, así como todos vosotros, a la humanidad y a la norma establecida. Sólo somos convictos. Convictos de los valores que hemos ido estableciendo poco a poco en nuestras personas. Creemos firmemente en la justicia y en la bondad, cuando la realidad es que no hay justicia y que, en este mundo, sólo sobrevive la mezquindad. Pero podéis respirar tranquilos, pues he aquí un escondite, una posada, un lugar para descansar. Disfrutad.
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