miércoles, 18 de marzo de 2009

Los caminos de Dios son inescrutables

¿Existe Dios realmente? Antes creía de forma fehaciente que sí. ¿Y ahora? Ahora tengo mis dudas. Intentaré compartir mi pequeña (o no tan pequeña) crisis de fe de la manera más clara y concisa posible.

Mirad a vuestro alrededor. ¿Qué veis? Yo veo animales, plantas, polvo, comercios, transportes tecnología, infraestructuras, nuevas filosofías… evolución. Pero ¿y si miramos más allá? Nada. No hay nada. ¿No da qué pensar? Mi opinión al respecto empieza a ser científica. Nuestra existencia sólo se debe a la suerte que tenemos de habitar un planeta cuyas condiciones han permitido la existencia de algo llamado “vida”. Porque más allá ¿qué hay? Todo esto nos viene grande a los, mientras no se demuestre lo contrario, únicos habitantes del Sistema Solar. Y vamos a ver, si el Sistema Solar ya nos viene grande, ¿qué decir de la Vía Láctea o del propio Universo? Entonces, ¿existe un ser supremo que ha creado todo esto? Siendo así… ¿por qué sólo crearnos a nosotros y no crear más seres en otros lugares? Lo dicho, que nos viene grande… ¿y eso no debería hacernos plantearnos las cosas?




Comencemos por el principio: la creación del Universo.

El Universo se crea a partir del choque entre partículas de materia con partículas de antimateria, lo que crea la llamada teoría del Big Bang, gran explosión por la cual aparece el Universo, un espacio susceptible de albergar materia. Los creyentes siempre hemos creído que el universo lo creó Dios. Que a pesar de todas las teorías científicas que intentan demostrar la no existencia de Dios, siempre hay algo antes de todo. Pero entonces yo pregunto lo que todos los niños preguntan ¿Cuándo nació Dios? ¿De dónde viene Dios? Siempre se responde con lo mismo: Dios siempre ha estado ahí. Y por la misma regla de tres ¿por qué siempre tiene que haber algo antes? ¿Por qué no, al igual que Dios siempre ha estado ahí, el Universo se creó porque sí, por acción independiente? ¿Por qué una teoría si vale y la otra simplemente es impensable? ¿Alguien me explica la diferencia?

Según los las religiones judeocristianas Dios creó la luz, la oscuridad, la tierra, el agua, las plantas, los animales… Conforme la ciencia va avanzando se van realizando descubrimientos sobre el sentido, la proveniencia y el sino de cada cosa. Antes, los terremotos, al no saber de dónde venían, se le atribuían a alguna vieja deidad del mundo antiguo. En la actualidad se sabe más que de sobra que son consecuencia de es una sacudida del terreno que se produce debido al choque de las placas tectónicas y a la liberación de energía en el curso de una reorganización brusca de materiales de la corteza terrestre al superar el estado de equilibrio mecánico.


Pero remitámonos a la Biblia en su Libro primero: el Génesis.

“En el principio creó Dios los cielos y la tierra. 2 Y la tierra estaba sin orden y vacía. Había tinieblas sobre la faz del océano, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas.
3 Entonces dijo Dios: "Sea la luz", y fue la luz. 4 Dios vio que la luz era buena, y separó Dios la luz de las tinieblas. 5 Dios llamó a la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche. Y fue la tarde y fue la mañana del primer día.
6 Entonces dijo Dios: "Haya una bóveda en medio de las aguas, para que separe las aguas de las aguas." 7 E hizo Dios la bóveda, y separó las aguas que están debajo de la bóveda, de las aguas que están sobre la bóveda. Y fue así. 8 Dios llamó a la bóveda Cielos. Y fue la tarde y fue la mañana del segundo día.
9 Entonces dijo Dios: "Reúnanse las aguas que están debajo del cielo en un solo lugar, de modo que aparezca la parte seca." Y fue así. 10 Llamó Dios a la parte seca Tierra, y a la reunión de las aguas llamó Mares; y vio Dios que esto era bueno. 11 Después dijo Dios: "Produzca la tierra hierba, plantas que den semilla y árboles frutales que den fruto, según su especie, cuya semilla esté en él, sobre la tierra." Y fue así. 12 La tierra produjo hierba, plantas que dan semilla según su especie, árboles frutales cuya semilla está en su fruto, según su especie. Y vio Dios que esto era bueno. 13 Y fue la tarde y fue la mañana del tercer día.
14 Entonces dijo Dios: "Haya lumbreras en la bóveda del cielo para distinguir el día de la noche, para servir de señales, para las estaciones y para los días y los años. 15 Así sirvan de lumbreras para que alumbren la tierra desde la bóveda del cielo." Y fue así. 16 E hizo Dios las dos grandes lumbreras: la lumbrera mayor para dominar en el día, y la lumbrera menor para dominar en la noche. Hizo también las estrellas. 17 Dios las puso en la bóveda del cielo para alumbrar sobre la tierra, 18 para dominar en el día y en la noche, y para separar la luz de las tinieblas. Y vio Dios que esto era bueno. 19 Y fue la tarde y fue la mañana del cuarto día.
20 Entonces dijo Dios: "Produzcan las aguas innumerables seres vivientes, y haya aves que vuelen sobre la tierra, en la bóveda del cielo." 21 Y creó Dios los grandes animales acuáticos, todos los seres vivientes que se desplazan y que las aguas produjeron, según su especie, y toda ave alada según su especie. Vio Dios que esto era bueno, 22 y los bendijo Dios diciendo: "Sed fecundos y multiplicaos. Llenad las aguas de los mares; y multiplíquense las aves en la tierra." 23 Y fue la tarde y fue la mañana del quinto día.
24 Entonces dijo Dios: "Produzca la tierra seres vivientes según su especie: ganado, reptiles y animales de la tierra, según su especie." Y fue así. 25 Hizo Dios los animales de la tierra según su especie, el ganado según su especie y los reptiles de la tierra según su especie. Y vio Dios que esto era bueno.”


Si analizamos este primer texto bíblico encontramos que la creación está descrita, no como la creación del universo, sino como la creación del mundo tal como lo verían actualmente unos ojos carentes de todo el conocimiento referente al Universo, los astros y demás materia moradora del espacio. La descripción es la descripción de cómo un hombre supondría que se ha creado el planeta Tierra: con su día y su noche, su tierra y su agua y sus animales y plantas. Pero siempre que ocurre esto en un texto bíblico se recurre a la argumentación de que tales escritos únicamente confeccionan metáforas o símiles.

Los representantes de las religiones han ido abriendo la mano en cuánto a dar la razón a la ciencia, antes discriminada, en temas que antes eran inexplicables y paranormales y que ahora son perfectamente reconocidos por todas las instituciones estudiosas de las materias a las que atañe cada rectificación hecha por parte de las religiones.




La segunda parte es menos científica, más histórica, pero no por ello menos interesante: la creación de los dioses.

Los dioses anteriormente no eran dioses tal y como los conocemos nosotros: seres supremos semejantes a los hombres. No. Los dioses en un principio se conocían como entes que habitaban en las cosas (los primeros romanos denominaban a cada ente con el nombre de "numen"). En un río, en un animal, en una planta, en una roca e incluso en un amuleto. Ni siquiera les llamaban dioses. Simplemente se les rezaba para que al cruzar una carreta en una zona de paso de un río, la corriente no se llevara a los animales de tiro o se les rezaba para que la ingesta de una planta no causare un envenenamiento. Era una forma de dar explicación al hecho de por qué el río fluía, por qué la roca estaba ahí y por qué los árboles dan frutos en verano y en invierno se les caen las hojas. Preguntas que ahora mismo nos harían sonreír por la mera simplicidad de las respuestas.

Las culturas fueron progresando y, en la edad de bronce, las civilizaciones empezaron a adorar a entes más específicos. Seres supremos que “traían” lluvias a los campos o que de sus pulmones “salía” en forma de soplo lo que entonces conocían como viento. Las culturas empezaron a interrelacionarse y se solían exportar e importar los dioses casi como las mercancías de un comerciante.

El ejemplo más claro sucede en Roma, donde la deidad más antigua en el sentido de “ser supremo semejante al hombre” fue, no Júpiter, como pensarán muchos por ser el padre de los dioses, sino que fue Hércules.
Sucedió que un hombre mató a una bestia que asolaba la región de las siete colinas llamada “la ruma”, donde se edifico Roma. Los mercaderes fenicios que pasaban por allí para comerciar con sal y metal escuchando la historia llegaron a la conclusión de que ese ser debía de ser Melkart, el Heracles griego. Hércules para los romanos.

Y las religiones politeístas arraigaron. Más adelante fueron suplantadas por la unificación de esos mismos dioses en uno solo, dando lugar al monoteísmo donde Dios, Yavéh o Jehová, Alá o el dios que no pueden siquiera nombrar los budistas, es el mismo ser, único y supremo, visto desde diferentes puntos de vista, que es infinito en sí mismo así como en su sabiduría.

Así se crean los Dioses. Pero… si hemos progresado como ciencia y hemos comprobado que efectos del mundo antes paranormales ahora son perfectamente explicables y normales ¿por qué seguimos creyendo en Dios? Es más que probable que, si la humanidad fuese imperecedera, acabásemos hallando las respuestas de las preguntas más rebuscadas que se formulan ciencia, teología y naturaleza en la actualidad, y que en la actualidad se atribuyen a entes desconocidos que consideramos supremos.




Miedo.

El ser humano, al ser poseedor legítimo del don natural del raciocinio, consiente que de su interior se apoderen diversas emociones sin causa aparente. Me explico. Un perro siente miedo cuando su amo se acerca con un palo con el cual anteriormente ya le ha agredido. El ser humano piensa. El ser humano piensa en la muerte, un hecho futuro y real, pero incierto en el tiempo y la forma a que se refiere. El ser humano, entonces, tiene miedo.

¿Es ese miedo a la muerte lo que hace que el ser humano, habiendo dado más que suficientes explicaciones a todo aquello que en el pasado no comprendía, permita que Dios siga existiendo en nosotros? Y a partir de aquí nos adentramos en un terreno peligroso.

El miedo a la muerte y a lo desconocido que nos espera al cruzar al otro lado nos obliga a aferrarnos a la ciega e incierta creencia de que existe algo más allá. ¿Es de débiles creer en ello? Si creemos en un ser supremo más allá de todo por miedo a la muerte y al final de todo: si. Si por el contrario creemos en ese ser supremo por convicción, con fe ciega, entonces considero que no es símbolo de debilidad, de otra cosa quizás, pero no de debilidad. La gran pregunta es: ¿tenemos ese miedo y por ello el ser humano cree?

Y no sólo podemos hablar de miedo al más allá o a lo desconocido, sino que podemos referirnos también al miedo introducido en nuestras personas por medio de la Iglesia en los tiempos que van desde la imposición del Cristianismo como religión oficial por el emperador Constantino hasta el siglo XIX. Miedo al Infierno. Miedo al dolor y al sufrimiento; a la desesperación y a la soledad absoluta. Miedo elevado a la enésima potencia gracias a la palabra eternidad.

Ni los más grandes eruditos, de las épocas antiguas o las modernas y contemporáneas, han resuelto el gran misterio que nos atormenta desde el principio: ¿Hay algo más después de la muerte? Esta pregunta sin respuesta puede inducirnos a plantear otra, la cual sigue aún sin respuesta así mismo: ¿Es posible demostrar la existencia de Dios? No.

Autores como Platón y Kant tenían varias teorías acerca de la posibilidad de probar su existencia o inexistencia. La más relevante, en mi opinión, es la de Kant, en donde elabora un estudio donde plantea que, al no haber castigo o premio justo en la Tierra para muchas de las acciones cometidas por los hombres, debería haber una justicia más allá, una justicia universal que nos juzgase una vez abandonásemos este mundo. Esa justicia es Dios.

Además de la teoría de la justicia divina, también pretende conocer de su existencia por medio de la moral. Es decir, por medio de la moral es posible conocer la existencia de Dios, a través de la distinción propia de una mente cabal entre el bien y el mal.

Pero también cabe la posibilidad de que la moralidad sea fruto de nuestros propios pensamientos. De nuestros razonamientos. Si nos paramos a pensar en la evolución de la moralidad en el ser humano, hace veinte mil años la pena de muerte estaba bien vista por las sociedades y era moralmente correcta según para qué casos. Y hoy en día sigue vigente, aunque esté mal vista. Así pues, ¿es la moralidad un producto de nuestra razón, que con el tiempo, al igual que nosotros, ha ido evolucionando o es un sistema introducido por el Creador en nuestras almas para detectar aquello que es correcto y aquello que no lo es?




Estoy seguro de que estos temas aquí expuestos dan qué pensar… La muerte. ¿Qué encontraremos en el más allá, si es que existe un más allá? No lo sé. Lo único que sé es que, a pesar de todos estos razonamientos, sigo curiosamente creyendo en un Dios más allá de lo humano y más allá de nuestra insignificancia en tan vasto Universo. Todos necesitamos aferrarnos a algo. Verdaderamente encontramos felicidad en estas creencias. Nos tranquiliza la ausencia del miedo. Nos aterra la soledad.