miércoles, 17 de diciembre de 2008

En la noche...

El silencio de la noche se vio interrumpido por el tenue rasgar de las hojas. Pisadas lentas y cautelosas, acechantes. En el bosque todos sabían de ella. La única criatura tan pura que el simple mirar de sus ojos producía llanto y locura. Caminaba lenta y pausadamente. No debía hacer esperar a su amada. Allí la llamaría y ella acudiría. Allí se besarían. Remontó hacia la cumbre más alta. Su piel blanca como el hielo ártico contrastaba con la oscuridad de la noche. El aurea que destilaba se mezclaba con la ansiedad del momento: era noche de Luna llena.

Aullido...


El Lobo y la Luna se fundieron en uno solo. Sucedió un beso capaz de salvaguardar el silencio de una llanura y de helar las llamas de una hoguera destinadas a quemar su corazón maltrecho de soledad. El tiempo se paró y el viento se debilitó. Solos él y ella. Concluyó su aullido y miró al cielo. Una mirada sincera enfocó al firmamento y la volvió a encontrar.


Aullido...


Y así, durante la larga noche invernal, con la helada de la más brillante madrugada, Luna y Lobo compartieron su anhelado momento.


Cabizbajo regresó a su hogar…dentro de un mes volvería. Mientras, la incomprensión y el miedo a lo desconocido por parte de instintos ajenos, le devolverían a la eterna soledad.


Pero él apreciaba la espera.