lunes, 10 de noviembre de 2008

Vida y Obra (II)

He leído así por encima el capítulo anterior, por llamarlo de algún modo, y me he fijado en que relato como el culo. Es más, me centro en un simple suceso como es el pobre intento de asesinato que perpetré con 8 años por un sucio columpio de parque y de ahí no salgo excepto para humillarme un poquito más con el tema de mi obesidad (mórbida según el pediatra, por cierto). Pero corregiré esto. He aquí aquello que faltaba: mi hermano mayor era un cabrón.

Probablemente todos los hermanos mayores, hasta los 16 años que cumplen sus víctimas, son unos cabrones. Bueno, el mío a mis 15 años estaba en Inglaterra estudiando y viviendo, asique supongo que fue un cabrón sólo hasta los catorce. Pura física: si no estaba... El cabroncete se aliaba con todo familiar existente con ganas de putear y conseguía sus objetivos de manera óptima. Se reía (y aún lo hace) de la desgracia ajena. Bueno, a decir verdad creo que todos tenemos un poco de esa mentalidad. Creo que es la sangre ibérica que, mezclada con la de los moros de cuando nos conquistaron, allá por el cuatrocientos y pico, crea una reacción bastante efervescente de la cual salimos nosotros mil y pico años después. Todavía no está demostrado, quizás me ponga a ello.

El caso es que mi primer recuerdo de lo cabrón que era mi hermano viene de cuando yo era pequeñito y me dedicaba a trepar por lo sofás del cuarto de la tele. Una calurosa tarde de verano estaba yo con mi cochecito tan contento por el sofá cuando se me cayó por detrás, entre el respaldo y la pared. Fijaos que vago era yo que intenté cogerlo desde arriba y claro, tan bajito que era no llegaba. Pero yo ahí, erre que erre, creyéndome Mr. Fantástico (el de los 4, el que se estiraba) y claro, la ostia fue sublime. Entonces te esperas que tu hermano mayor, en un alarde de valentía y destreza, trepe por el sofá, te alargue la mano y con cara de Conan te diga: “coge mi mano, yo te salvaré”. Mucha fe ostentaba yo por aquel entonces: mi llanto se mezcló con sus carcajadas.


Pero era peor cuando se aliaba con algún familiar ya sea primo o abuelo. Bien, aquí tengo que aclarar que no es que mi hermano fuese muy retorcido, sino que los retorcidos eran aquellos que le coaccionaban a pincharme vez tras vez; mi abuelo paterno en especial, al que nunca tendré especial cariño. Me cogían y ambos se empezaban a meter conmigo. A mi querido abuelo le encantaba la jardinería. El vivía, y vive, en un piso dúplex con un torreón inmenso con mogollón de plantitas y mariconadas varias. Mi venganza fue terrible. Después de tanto tiempo intimidado, saqué fuerzas de mi interior, y me cargué su pluviómetro. Que te jodan abuelo. Todavía me regodeo cuando pienso en la cara de estúpido que se te quedó.

Nunca lo olvidaré. Fue como si le hubiese fulminado un rayo en el mismo instante en que el instrumento de “nosecuantas” mil pesetas se hizo añicos y desperdigó cristalitos por todo el suelo. Su rostro fue cambiando desde la marcada carcajada pendenciera que hasta ese mismo momento lucía hasta el gesto más sandio que podía llegar a aflorar entre sus facciones. Sandio significa necio, para el que no lo sepa. Pues bien, esto me llena ahora. En ese momento yo me encontré aturdido. Me fui corriendo. La rabia me había vuelto a cegar y hacía cosas de forma impulsiva. Comía impulsivamente, bebía impulsivamente y puteaba a mi abuelo impulsivamente. Digo puteaba porque la cosa no acabó ahí. Por supuesto que no.

En su escalera, la que unía el dúplex, se hallaban unas borlas doradas y plateadas bastante caras, sobresalientes en los extremos de la barandilla. Mi padre se proclamó culpable para protegerme. Me daba igual, porque ellos saben que fui yo. Por todas las veces que me llamaron mimado; por las veces que se metían con mi madre cuando no estaba delante y por todas las personas a las que han hecho la vida imposible. A tomar por el culo las borlitas de los cojones. Mi inconsciente segregó una ola de placer dentro de mi ser cuando escuché el CRACK de los lujosos adornos al quebrarse. Que bonito recuerdo. Gracias a esto, soy el único de los primos que le echa huevos cuando mi abuelo se enfada. A los demás siempre les faltó ponerse de rodillas y llevar a cabo una sutil felación, a ver a quién tocaba más herencia. Alimañas…
Las putadas varias iban y venían según aparecían las oportunidades: si nos prohibía encender una luz, la encendía. Si nos prohibía tocar su bici aerostática, hacía 5 kilómetros en ella, con suerte jodería los pedales. Si nos decía que apagásemos el ladrón de la tele y el vídeo con la mano (el botoncito naranja de estos ladrones alargados…) y no con el pie, pues lo apagaba con el pie. De hecho aún lo hago. Creo que todavía se piensan que se rompen por culpa de la humedad que trae consigo una vivienda próxima al mar (viven en Mallorca),¡cuánta inocencia que hay por el mundo! Me la trae al viento, la verdad.


Queridos lectores (si es que hay alguno), me satisface comentaros que me he desahogado profundamente. Gracias.


Pues bien, la relación con mi querido hermano fue evolucionando, casi como los pokemon. Al principio nos tirábamos de los pelos o nos hacíamos burlas. Más adelante las cosas terminaban ostia limpia. Así siguió la cosa hasta llegar a un punto de tal madurez en el cual concluimos que, ni él me iba a abrir la cabeza por jugar a la consola, ni yo le iba a acuchillar a él por un trozo de sandía o por media hora más en el ordenador. Empezamos a comprender aquello de la civilización y la erradicación por parte de nuestra sociedad de la venganza privada y la Ley del Talión (la de “ojo por ojo…”), y decidimos seguir su ejemplo.


Me fastidia tener que dar marcha atrás en estos episodios tan bonitos que estoy escribiendo pero esto era algo fundamental. En el próximo capítulo espero darle algo más de cuerpo a estas historias, pues creo que me he estancado en mi dulce niñez…algún trauma tendría. No sé, cuando muera se lo pregunto a Dios.


Bueno, como no voy a dejar esto aquí, procederé a hablaros de las mascotas que tuve en esa época, todas ellas muertas, creo. La cosa empezó con Papá Noel; el amigo se sacó de la manga un periquito. Le llamamos Perico: la televisión había nos había limitado la imaginación, como podréis observar. Como supusimos que se sentiría solo, compramos una hembra periquito: Perica. Toma ya. Nos llamaban la familia original.

Al parecer, surgió entre nosotros una especie de fetichismo enfocado a los periquitos y sin comerlo ni beberlo, compramos cuatro más de golpe. Perfecto. Cuatro pajaritos en una jaula de dos. Por si no andaban lo bastante desquiciados por aquello de estar encerrados en cautividad de por vida, encima les apretujamos, como si fueran inmigrantes.

Y llegaron las tortugas. Si no era suficiente soportar el olor de 6 pájaros, que como todos los pájaros, duermen, beben agua, pían y sobretodo...cagan, pues súmale dos tortugas. Y porque no nos dio por comprar un cocodrilo, porque a ese paso...Aún así todo se amainó al cabo de un breve periodo tiempo, ya que, como en todas las casas donde conozco que han existido tortugas en forma de mascota, estas no duraban más de dos semanas. Desgraciadamente, no vienen con manual de instrucciones. Y desgraciadamente también, los niños tenemos una rara manía de probar “a ver qué pasa si" se ponen patas arriba. ¿Qué pasa? que se quedan boca a arriba. No es tan misterioso. Pero claro, si en vez de darles la vuelta de nuevo, como un buen macho alfa, te vas corriendo cuando escuchas que los anuncios de los dibujos animados han acabado, pues se mueren. Normal.

Las tortugas no resultaron ser tan graciosas como cuando las compramos así que, después de muertas, no volvimos a pensar en tortugas. Entonces vinieron los peces. Los bonitos pececitos de colores. Eran perceptibles cuando la pecera no estaba hasta el culo de comida por razón de algún ser incompetente que si fuera por él, les hubiese metido un pollo asado o algo a la hora de comer. Ese ser incompetente era yo. Debía de pensar que así crecería fuertes y sanos. No contemple la posibilidad de que cada dos por tres se atascase el filtro del agua y provocase que la pecera se convirtiese en una especie de estanque verdoso por el que flotaba comida...y algún que otro pez.

Así acabaron los peces. Con sobrealimentación y lepra (esto último sólo es una suposición).

Llegó Sandy. Una perrita Bóxer de raza pura. Originaria de Túnez. Mi tío estaba destinado allí y se la compró y como le iban a destinar a Dinamarca más tarde, un lugar frío donde una perrita criada bajo el calor de un sol africano lo pasaría fatal, decidieron regalárnosla. Era bastante buena con nosotros, hay que reconocerlo. Pero sólo con nosotros. Estaba loca. Si la sacabas a la calle se quería pegar con todos, ya fueran perros o personas. No había nadie a salvo. Teníamos que sacarla entre dos y con bozal. Pero seguía siendo un solete...¡que recuerdos!


Cuando estuvimos mi hermano mayor y yo en Inglaterra, curiosamente mis padres la "regalaron" (mi madre estaba embarazada del pequeño y era peligroso, ¡que poco corazón!). Pongo regalaron entre comillas porque si se piensa bien no concuerda: tengo una perra loca y se la regalo a una familia que vive en una finca en la sierra donde la perra podrá correr. Por cierto que la familia tenía un niño de 3 años, toma pedazo de guinda para el pastel. Pues una de dos: o la familia estaba muy loca para adoptar a una perra esquizofrénica o la finca, y la familia, y aquellos verdes prados por donde correr era todo en sentido figurado y lo que querían decir en verdad es que, tras una inyección letal, mi perrita pasó a correr por los verdes prados del más allá. Nunca quise volver a preguntar sobre este tema, prefiero vivir engañado.

Y por fin nace mi hermano pequeño. Mi preferido. Entre el mayor y yo le hemos moldeado a placer. Disciplina, obediencia 1, obediencia 2, adiestramiento deportivo, etc. Es la mascota ejemplar. Todavía vive ¡y espero que viva muchos años más! Además que le quiero un huevo ¿eh?

Y por último Link (mi actual perro); pero este vino hace poco, asique hablaremos de el más adelante.

Espero que la siguiente entrada sea de vuestro agrado, porque de esta no espero nada, la verdad.


2 comentarios:

Anónimo dijo...

de muucho agrado eh??pobrecito jorge...jajaja era vuestra pequeña mascota hasta link..aai

Baldur dijo...

me alegro fan nº 1 jajajajaja