martes, 4 de noviembre de 2008

Vida y Obra (I)

He salido esta noche del gimnasio y he pensado “¿por qué no escribir un poco acerca de mi vida? Sería constructivo… ¿no?” Pues bien, aquí me tenéis, dispuesto a hablaros de mis comienzos, de mis locuras y de mis comidas de coco. Supongo que esto me llevará alguna que otra entrada de más y ¿quién sabe?, a lo mejor hasta recopilo todo y publico un libro, o no.

¿Por dónde empezar? Bueno, mi nombre no os lo voy a decir, dejémoslo en mi pseudónimo, Baldur (que es el nombre que quería ponerle a mi perro, aunque en mi casa se discrepó bastante). Aquellos coleguitas a los que he pasado el link del blog, os pido compostura. Bueno, dado el “nombre”, empecemos.

Todo comenzó una mañana del 5 de Noviembre de 1987. Mi madre rompió aguas aún cuando todavía no había amanecido y al parecer, yo tenía tanta prisa en nacer que me sacó del claustro materno la partera. Que ¡hay que joderse!, ni mi nacimiento fue como tenía que ser. El médico sobando. Y yo naciendo. ¿Qué clase de puto médico se soba? Pues según mi tío, que es médico, uno normal: de los que duermen, comen, hacen pis… El caso es que corre un rumor que dice que tal y como naces es el reflejo de tu vida como adulto. Y efectivamente. Mi hermano mayor manso y pasota. Yo hiperactivo, lo que actualmente soy, y con episodios de ansiedad, por cierto. Mi hermano pequeño es un híbrido entre el mayor y yo, fue prematuro pero nació relajado.

Bueno, de bebé era un fiasco. No comía nada. Sólo quería que mi madre me diese los potitos (se sobreentiende que la parte en la que tomo el biberón, que no teta, se omite pues no tiene mucho misterio) y cada vez que la asistenta me intentaba dar de comer yo le escupía la comida en toda la jeta. Bueno, fue divertido hasta la toma de medidas drásticas, en la que mi queridísima madre decidió que si no comía de la mano de la asistenta, no comía. Al parecer, según cuentan ya que yo ni me acuerdo, pasé hambre. Un poco hijos de puta si que eran, un pobre niño indefenso… Bueno, hasta la rata más tonta aprende. Yo aprendí.

Joder, esto de escribir a lo Irvin Welsh no está tan mal. Estaba ya un poco trastornado de tanto misticismo (leer otras entradas del blog). Por cierto, hablo del blog, y a lo mejor llega un día en que esto no se lea en un blog, sino en otro lado, así que os dejo aquí un pequeño enlace de publicidad:
www.elsuspirodelconvicto.blogspot.com.

Prosigo con el relato fantástico de mi edulcorada vida. Tocó ir a la guardería y sin problema aparente. En el colegio, por algún capricho del destino, o mío, comencé a engordar. Qué gran putada, con perdón, para un niño, el hecho de ser obeso. ¿Quién de vosotros, cabroncetes, no se rió alguna vez de algún pobre gordito en el cole? El caso es que mi madre, para la merienda, me daba manzanas, las cuales yo cambiaba con algún desdichado inculto por su bocata de nocilla. Mmmm, todavía recuerdo ese sabor... Es una lástima que ahora el dulce y yo seamos simples conocidos. A veces ni nos saludamos. Debió de ser al adelgazar, pero bueno, eso viene más adelante, ¡no nos precipitemos!

Os fijaréis en que mi infancia está siendo relatada de forma más o menos rápida. Es a causa de mi poca memoria, de que no quiero recordar o de que simplemente esta etapa de mi vida me aburre más de lo que os puede estar aburriéndoos a vosotros. Pero tranquilos, ¡aquí llega mi primer acto delictivo! Fue una suerte ser menor de 13 años y por tanto ser un ser incapaz (capacidad de obrar muy limitada) con arreglo a la Ley vigente (lo que significa que era impune a todos sus efectos) Estaba yo en el RACE, a las afueras de Madrid (por si no lo he dicho, soy de Madrid, España). El RACE es la Real Automóvil Club de España y tenía una especie como de club social con restaurantes, piscinas, columpios. Solíamos ir algunos domingos allí. Teníamos amiguitos, mi hermano mayor y yo, hijos de los amigos de mis padres, con los que jugábamos durante aproximadamente todo el puto día. Éramos incansables. De hecho, uno de esos amiguitos era Fernando Blasco, muy a nuestro pesar, falleció en Irlanda en un atentado del IRA: aquel que pilló en el verano del 98. Supongo que os acordaréis, fue en el único en el que murieron españoles. Pero no nos desviemos del tema.

El caso es que estaba mi amiguito Juanjo, de 8 años en un columpio, y llega un notas de 10, y le obliga a bajar por medio de la violencia del columpio. No te jode. La ley del más fuerte. Pues para fuertes yo, cabronazo, ¡te vas a enterar! Vaya paliza. Según mi padre, me tuvieron que sacar de ahí porque las madres decían que no se me podía sacar de casa, que me medicasen o algo. Huelga decir que el chaval salió de allí en ambulancia. Que se joda, creo que aprendió la lección. Puto abusón. ¿No sabes que a las bolitas de grasa rellenas de queso no hay que cabrearnos? No murió, me hubiese enterado. Sólo un “pequeño” correctivo. En mi casa se asustaron, como para no. Casi lo mato, literalmente. Estuvimos un par de añitos sin pasar por el RACE. Yo por aquel entonces no llegué a comprender bien el por qué.

Haré un inciso para dedicárselo a mis padres. Con mis veinte años, mañana veintiuno, he llegado a una conclusión: son la polla. Nos han apoyado en todo y han sido ejemplares para con los tres fieras que somos sus hijos. Bueno, ya está, que como lean esto se crecen y me vuelven a poner hora de llegada.

El caso, que mi agresividad no es que empezase a aflorar, sino que como iba ganando más masa muscular (grasa) y me iba haciendo grande y fuerte (gordo), las cosas empezaban a cambiar, y esta se empezaba a hacer patente. Lo que antes consentía por un cromo, ahora conllevaba desgracia y destrucción en el patio. Bueno, quizás me esté flipando un poco; no creo que ni la mitad de mis compañeros de primaria se acuerde de mi como “el matón”. Más bien como “aquel gordito alegre… ”Creo que mi autoestima se está empezando a desmoronar. A ver si llegamos ya a la adolescencia...

Por estas fechas nació mi hermano pequeño. Diez años después que yo. Sigue siendo un enano al que quiero mogollón, sobretodo porque es mi pupilo y ha de aprender de mí lo que el pasota de su hermano mayor suda de enseñarle. A él también le quiero. Creo que quiero a toda mi familia. A mis padres, mis tios, mis abuelos, mis primos. Si, debe de ser lo normal.

Mi problema es que yo tenía mucha rabia acumulada. Y cuando me daba me pegaba con quién fuera. Daba igual, hombre o mujer, mayor o pequeño. El caso es que a veces perdía y otras no. En primaria llegaron a amarme. Pero llegó la ESO, y se les ocurrió meter pibas. Entonces la cosa giró bruscamente. Lo de ser gordito ya no era gracioso. Era bochornoso. Las burlas crueles que antes se respondían con guantazos, ahora eran humillantes, pues ¿cómo iba yo a defenderme ante burlas sutiles delante de las niñas? A guantazos no era la manera. O si. Pero me cohibí. Tenía que buscar una salida. Adelgazar no procedía. Mi destino era adelgazar después. Asique me encerré en mí mismo. Mi hermano repitió y mis notas empezaron a ir mal. Se me olvidó decir que mejoré mi inglés en Inglaterra, en quinto y sexto. Sin mayor relevancia.

Sigo.

Hago otro inciso para dedicárselo a mi hermano mayor, gran lector y actual periodista de profesión y estudiante de historia en la universidad, ya que en esta época me hizo enganchar a ese gran vicio que tengo que son los libros. Empecé a leer literatura fantástica y, a pesar de que ahora leo de todo (novela histórica, biografías, novela negra, psicológica, poesía, etc), sigo leyéndo a mis dragones y caballeros, a mis elfos y enanos. A todos ellos, junto con mi hermano, doy las gracias.

Entonces, me empecé a juntar con gentuza. Gentuza de Chamartín, que incluye en su flora y fauna a pseudo gitanos de Manoteras y demás especímenes como grafiteros, pokeros, etc... Bueno, hasta aquí este primer episodio. Bastante elegante ¿no? Espero no haberos aburrido mucho. Por cierto, si sois niños y queréis matar a alguien que os haya levantado un columpio, el camino es el siguiente: le empujáis, cuando está en el suelo os ponéis encima y, si sois gordos como lo era yo, os costará poco retenerle debajo, si no, lo que deberéis hacer es proceder con rapidez: y cogerle de las solapas y empezar a sacudirle para que en cada espasmo su cabeza golpee contra el suelo. Así se me contaron que lo hice yo. Yo de esa parte no me acuerdo. Supongo que estaría cegado por el odio. Si, lo más seguro es que fuera eso.

Estés donde estes, niño roba-columpios, no me odies.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

q entrada!!!te lo digo...me ha flipado maaaaaaaaaazo!!!!si señor,tu sabes esribir y lo demas es tonteria!!!!=)
ESPERO Q ALGUN DIA SIGAS CONTANDO...HASTA TUS PROXIMOS 21!!

Baldur dijo...

subidón de autoestimaa!! jaja graciass!!