lunes, 27 de octubre de 2008

El Regreso


Son las seis y media. Me miro frente al espejo y veo una silueta borrosa que se esclarece a medida que quito el vaho con la mano. La ducha me ha sentado bien. Me visto, me calzo y salgo a la calle. Llevo cazadora, la noche será fría.

El trayecto hacia la parada de autobús se hace más ameno. Mis pensamientos me acompañan. La música del i-pod crea ambiente en mi cabeza y me ayuda a recrear antiguos capítulos de mi vida. En el autobús sólo veo gente normal, nadie a destacar. Me siento, observo y espero.

Ya estoy en la calle. El gran coliseo me toma bajo su manto. Su sombra se cierne sobre mí y me intimida. Hay gritos de júbilo y emoción. Irritante gentío que me empuja para abrirse paso. En mi quietud ni me inmuto, pues yo sólo tengo ojos para mi templo.

Camino por las calles adyacentes, estoy nervioso. Casi tengo miedo. Veo a uniformados y me siento vigilado. ¿Manía persecutoria? Tal vez. Pero al final llego. Ahí están. Mi hermano da el aviso. Todas las cabezas se giran y se quedan en silencio. Escrutinio cada rostro, cada mirada y cada gesto. Me acerco. El Griego se acerca y me da un abrazo y un beso.

“Has vuelto, me alegro de verte.”

Quiero llorar de alegría, pero no me dejo. Uno a uno me saludan. Los viejos con manos sinceras y palmadas en la espalda. Comentarios obscenos. Los nuevos con admiración. Mi hermano me acompaña entre saludos. Se escucha a algún exaltado.

La tensión del momento se aleja. El miedo a la reacción general se esfuma. Lo entendían. Entendían mi ausencia. Entendían mi situación. Me entendían a mí. Nunca me consideraron un traidor y nunca lo harían.

Había vuelto con mi gente, con mis compañeros de armas. Mi risa era sincera y mis ojos recobraron aquel nítido brillo que me daba identidad. Durante dos horas me deshice de las cadenas que me ataban lejos de allí. Durante dos horas me recreé en viejas historias con aquellos que jamás me darían la espalda. Durante dos horas fui libre. Durante dos horas fui un exconvicto.

Dadme dos años más, y volveré a luchar a vuestro lado.

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