miércoles, 29 de octubre de 2008

Carta


A vos, mi señora Artemisa, me dirijo:

He osado hablaros, por ello os imploro perdón, pero un conflicto asola mi espíritu, y sólo vos podéis darme una solución. A vos concierne.

Necesito ayuda.

Sólo soy un humilde pastor que anda perdido por vuestros bosques, sin saber a dónde me llevarán mis pasos y qué me deparará el futuro. No hay sendero, y he de crearlo. Cada cambio de rumbo, en busca de una salida, es una decisión difícil, pues soy consciente de que el camino que forje puede llevarme a la perdición. Al suicidio del alma.

En vuestra sabiduría hallaréis significado a mi dilema, pues hablar con claridad no me atrevo. Incontables signos o miradas entrego, pero cierto es que no prospero.

Cuando duermo, mi señora, ella viene a darme un beso. Roza tan suave mis labios, que no despierto. Pero nunca he conseguido distinguir entre realidad y ensueño. No sé qué siente en su fuero interno, y por más que observo, no hallo respuesta.

¿Comprendéis ahora, mi señora?

Alcanzaréis a entender que he de ser cauto, pues si me precipito, podré borrar del camino las huellas que me permitirían volver al origen del mismo, dónde podría concebir así mismo uno distinto de nuevo.

Siendo así ¿es este un beso real o acaso me engaño en sueños? Os pregunto a vos, mi señora, pues sabréis darme respuesta, ya que es en vuestra fronda donde me hallo desorientado. Ya que vos sois quien aparece en mis sueños. Ya que sólo ese beso pertenece a una diosa.


Endimión.

2 comentarios:

Perséfone dijo...

Estoy segura de que todos nos hemos visto en la piel del pastor al menos una vez en la vida. Lástima que nostros no podamos (o no queramos)hablar con los dioses.

Bonito blog.

Un saludo.

Baldur dijo...

Estoy seguro de que en ocasiones, el que no queramos o no podamos viene coaccionado por un factor elemental: el miedo.

Gracias!

Un saludo!