viernes, 8 de octubre de 2010

El cazador

Sus ojos ambarinos escrutaban cada detalle del paisaje. Hoja por hoja, piedra por piedra… El cazador no dejaba escapar nada a sus sentidos. El olfato le alertaba de la presencia de una presa inminente… pero la vista no ayudaba. ¿Dónde estás pequeño desafortunado? ¿Dónde estás…? Con cada paso que daba, el olor se hacía más penetrante. Podía distinguirlo entre la mezcla de aromas que inundaban su territorio; diseccionando cada particular esencia podía seguir el rastro hasta su futuro almuerzo. Resultaba excitante.

Con sus puntiagudas orejas intentaba percibir sonido alguno que delatase la posición de su trofeo. Pero esa clase de botines siempre son silenciosos y, aunque lo sabe, nunca pierde la esperanza de que su preciado amigo cometa algún error y se deje escuchar.

La saliva caía por la comisura de sus labios. Las fauces entreabiertas no dejaban lugar a dudas sus intenciones. El momento estaba muy cerca. Lo sentía. La adrenalina se agolpaba y bombeaba su pecho arriba y abajo, arriba y abajo… Sus instintos rugían en su interior mientras su bestia interior se abría paso hacia el exterior. No hay lugar para la piedad o la misericordia, es una cuestión de la naturaleza. El fuerte y el débil. Sobrevivir o sucumbir.

De repente… ahí estaba. La insensata criatura descansaba su lomo contra un tronco. Era el momento… Las pisadas del verdugo habían alertado a su víctima, que con sentidos más agudos le había estado esperando con la incertidumbre de aquel que no sabe si, en lugar de una reprimenda, va a recibir un elogio. El tiempo era vital. Se esfumaba. Ahora o nunca.

Tensando sus cuartos traseros, el depredador tomó impulso, y se lanzó contra su objetivo. De la mandíbula sobresalían afilados colmillos dispuestos a despedazar, destruir, devorar. Estaba cerca, casi podía saborear a su preciado tesoro en la boca cuando… Una imperiosa presión en el cuello le obligó a recular. Algo tiraba de él. Le alejaba del tan esperado manjar. Intentaba luchar contra aquella traición pero era inútil, no cesaba, era como si algo divino no quisiese que se llevase a cabo el sacrificio ¿Qué estaba ocurriendo?¿Quién osaba interponerse entre…?

- ¡Venga Link, deja en paz al puto gato!

domingo, 20 de diciembre de 2009

Cita

"La adversidad es la piedra contra la que afilas tu espada"

jueves, 10 de diciembre de 2009

Echando humo

La voz del profesor retumba en la sala

“Vamos Alberto ¡vamos! Ese uno dos... ¡saca la izquierda joder!”

Me encuentro de pie, rodillas ligeramente flexionadas, la guardia demasiado arriba y el bucal a punto de caerse de la boca; el casco me marea y el calor me asfixia…

Mi contrincante no cesa en su lluvia de golpes mientras yo, paralizado, sin saber reaccionar, encajo los golpes lo peor que puedo. Tengo la guardia demasiado arriba, demasiado arriba…

“¡Alberto, ostias, baja la puta guardia!”

No puedo pensar, Estoy agobiado y tengo calor, mi camiseta está empapada de sudor y estoy tan aturdido que no sé ni cómo voy a encontrar el camino al vestuario. Miro el marcador de rounds, quedan dos interminables minutos y mi compañero es imparable. El miedo me tiene paralizado y no puedo dominarlo y, si eso no lo controlas desde el principio, estás perdido.

Cuando conoces el miedo y lo sometes entonces te vuelves peligroso, de lo contrario... Por suerte es un entrenamiento y este calvario acabará pronto. Nunca antes había sentido como esta vez los golpes a través del casco: aguijoneantes, secos, ¡martilleando mi preciada materia gris! Intento esquivar pero todas sus manos llegan a su destino. Mientras el profesor grita, mi compañero intenta tranquilizarme, pero no es consciente de que pone más nervioso aún:

“No estás boxeando, colega, no estás boxeando…”

El puto nervio me tiene poseído y soy como un animal que no tiene escapatoria. Intento tranquilizarme, pero el bucal entrecorta mi respiración e impide que el oxígeno llegue por entero a mi ser. Debo sacar la izquierda, mantenerlo a raya, pero es imposible, me baja la defensa y arremete una vez más con su poderoso directo de derecha. Derecha, hook, derecha… Izquierda, izquierda, derecha hook y upper… Joder, esto es un infierno.

Queda un minuto y estoy a punto de tirarme al suelo. Ya no sé ni por donde entran los golpes. Este hijo de puta no para y yo no consigo alcanzarle… Esquiva mejor de lo que pensaba para la estatura que gasta el muy cabrón. Esto es desesperante. ¡Que acabe ya por favor!

-¿Qué haces tío? ¡No puedes quedarte ahí parado! -dice mi adversario terminando de darle al “saco” y mirándome sorprendido- ¿Qué te pasa joder?

-No lo sé, ostias, no lo sé…- Suena la campana. Chocamos los guantes.

La gente está buscando pareja, pero yo no. Me quito el casco, me apoyo contra la pared y me dejo caer hasta quedar sentado. Doy verdadera pena ¡Este cabrón me ha untado de lo lindo! Nunca había recibido tanto en un entrenamiento. Me siento verdaderamente inútil. Me siento impotente a pesar de que los otros guanteos anteriores no han ido mal (basculando, sacando la izquierda, jugando con las piernas y demás). No sé que ha pasado. Supongo que me dejé llevar por las emociones y subestimé a mi enemigo. Debo entrenar más. Mucho más... por un infierno más digno.

domingo, 6 de septiembre de 2009

¡Un bonito dia en Bosnia!

Este texto tiene un objetivo puramente educativo y no me hago responsable del uso que vuestras mentes psicópatas puedan darle a esta información.


Lo primero que debéis hacer es haceros con un blanqueador común de casa, pues este producto contiene clorato de potasio, el cual procederemos a extraer de la siguiente manera:

En un contenedor de cristal resistente a altas temperaturas vierte 3,78 litros (un galón) y comienza a calentarlo. Mientras, pesa 63 gramos de cloruro de potasio y agrégaselo al blanqueador que está siendo calentado. Mide la temperatura con un aerómetro y deja que hierva hasta que marque 1,3. Cuando tengas la solución enfríala hasta que esté entre la temperatura de la habitación y los cero grados centígrados. Filtra después los cristales que se han formado y almacénalos. Repite la operación de hervir y enfriar y vuelve a almacenar los cristales resultantes.


Toma los cristales almacenados y mézclalos con agua destilada en una proporción de 56 gramos por 100 mililitros de agua destilada. Calienta la solución hasta llegar al hervor y permite que se enfríe de nuevo. Vuelve a filtrar los cristales resultantes y almacénalos (este proceso es llamado cristalización fraccional). Así pues, ya tenéis el clorato de potasio en estado puro. Espolvorea la sustancia hasta obtener la consistencia de unos polvos blancos faciales y caliéntala suavemente para desprender la humedad de tu preciada sustancia.

Por otro lado deberás disolver 5 partes de vaselina con otras 5 de cera y disuelve el resultado de esta disolución en gasolina blanca. Vierte este líquido en 90 porciones del clorato de potasio dentro de un contenedor o recipiente de plástico. Amásalo hasta que esté muy bien mezclado y, una vez hecho esto, permite que la gasolina se evapore.

Y ya tenemos un bonito explosivo plástico.

Coloca la sustancia en un lugar fresco y seco... Y evita que entre en contacto con cualquier otra sustancia, sobretodo con fósforo o sulfuro (podrías volar tu casa).


Para culminar nuestra obra celestial deberás coger una lata de gasolina y unas cuantas pastillitas de jabón (el detergente no sirve). Pica el jabón y mézclalo con la gasolina en un recipiente de agua hirviendo. El resultado será una masa gelatinosa espesa. Es muy inflamable así que procura no fumar mientras lo fabricas. Acabas de fabricar Napalm.
El Napalm es una sustancia altamente inflamable. Era lo que utilizaban los yankees para freír a los vietnamitas allá por los sesenta. Supongo que habréis visto las típicas imágenes de la jungla ardiendo por un bombardeo americano con Napalm… En caso contrario enchufaos la peli de “Apocalypse Now” o directamente la de “Forrest Gump”.

Pues bien, ya tenéis dos estupendas maravillas dispuestas a destruir todo aquello que os propongáis.

¿Queréis mi opinión?

Yo, personalmente yo, cogería una bolsa de deporte y le añadiría una buena cantidad de Napalm. Luego metería varios paquetes de explosivos plásticos y le añadiría un detonador (desmonta un despertador y sustituye el altavoz por una bombilla con el vidrio roto; para romper el vidrio de la bombilla solo tienes que envolver la bombilla con un trapo, entonces le das un golpe con un martillo y si ves que se ha mantenido el hilo que tiene dentro esta lista para funcionar. Pon en contacto la bombilla con la sustancia explosiva, prográmalo y listo). Una vez que tenga dentro de la bolsa el Napalm, el explosivo plástico y el detonador le añadiría como guinda del pastel (y aquí ya entra en juego la imaginación y toda la insensibilidad que me ha otorgado la tele) clavos a modo de metralla.

Podrías preguntaros si mezclar Napalm y explosivo plástico no sería un tanto estúpido. Si no sería algo asi como ponerle chocolate caliente a un helado ¿Creéis que el plástico anularía toda la eficacia del explosivo incendiario? En parte si, pero para que el Napalm encendido se propague, necesitamos una buena explosión, ya que nuestro querido Napalm arde que da gusto, pero explotar, lo que se dice explotar... necesita un empujoncito.

También podríamos utilizar algo más especial, poco convencional, fuera de los grandes tópicos de "una furgoneta bomba con dos toneladas de explosivos..."; eso está muy visto, asi que aquí os dejo un "briconsejo":

Existen tipos de abono, pero uno en especial, el nitrato amónico, al entrar en contacto con el combustible se vuelve explosivo. Se puede comprar en cualquier tienda de jardinería.

Asi que una vez terminada la piñata colocadla donde más os plazca. Ya tenéis la llave del Caos. Suerte.

viernes, 5 de junio de 2009

Lágrimas

No logro conciliar el sueño. He tenido un mal día y me apetece compartirlo. Un momento, voy a poner algo de música.

Ya está. He puesto una canción triste. Hay que entrar en ambiente. La canción no es una canción. Es decir, si. Bueno no. Es un video que encontré en youtube sobre imágenes góticas y al mismo le acompaña una melodía que hace enmudecer y provoca pensamientos melancólicos. Son las notas de violín más hermosas que he escuchado nunca.

Llevaba desde verano esperando este momento. Conteniéndome. No había llorado por ello en ningún momento. No me dejaba. Odio llorar. Pero por fin ha sucedido. Discutíamos. Mis padres y yo. ¿Por qué? Insignificancias que no vienen al caso. Sólo necesitaba un respiro.

“Yo no me tomé ningún respiro este verano hijo mío; nos tenías a todos acojonados y nadie ha dicho nada desde entonces.”

Gracias.

Quizás por eso nunca hasta ahora lo había exteriorizado: necesitaba un reproche que ninguna sentencia formal me daría, sólo un juicio en el seno de la confianza perdida de un progenitor.

Se acercaba lo peor, pero a ellos no les iba dar la satisfacción de observar cómo me derrumbaba. Semejante espectáculo únicamente lo debo reservar para mí. El muro que rodeaba mi espíritu comenzó a agrietarse. Tenía que salir de allí. ¿Sabéis esa sensación de que van a aflorar las lágrimas pero intentas reprimirlas y entonces miras hacia abajo, para que no te vean? Me levanté y me despedí de la forma más educada posible, alegando excusas ininteligibles.

El baño. Mi lugar favorito de la casa. Tiene, al contrario que mi habitación, pestillo. El pestillo me brinda intimidad. Sobre todo cuando tienes un hermano que nunca ha oído hablar “llamar antes de entrar”. Así pues, mi refugio. Allí me atrincheré y me senté, tal y como he hecho en alguna que otra ocasión similar, en el suelo con la espalda pegada a la pared. Pero se me olvidaban dos cosas: el grifo y la toalla. Suena a intento de suicidio ahora que lo pienso, pero tranquilos, no soy tan valiente. El grifo sirve para ahogar los gemidos de mi llorera. La toalla para tapar mi cara de vergüenza. Todo lo demás no sirve para nada.

Finalmente, mi muro se derrumba y siento como aquello que había ido acumulando desde el agosto anterior se abrían paso sin piedad entre los restos de mi fortaleza derruida.

Al principio es un llanto sordo, silencioso. Poco a poco se va violentando.

Qué asco me daba.



Es algo incontrolable. Los hipidos se apoderan de ti y se burlan mientras, en el momento de intentar acallarlos, te esquivan.



El grifo corría y, mientras, iba recordando uno a uno cada golpe, cada cardenal y cada insulto. Y el asco cambió de forma. Sólo sentía odio. Y empecé a imaginarme todo tipo de venganzas, muertes, torturas y demás sádicas satisfacciones. Y el odio amainó y volvieron a inundarme emociones, esta vez en forma de impotencia: ¿qué venganza? ¿A quién iba a torturar? ¿Asesinar? Madura idiota. Es inútil hacer nada.

Estoy más calmado. He dejado de comportarme como un crío y comienzo una nueva construcción; esta es provisional, hasta que pueda aferrarme a algo tan fuerte que me ayude a construir otra muralla. Por ahora bastará con algo de arcilla. ¿Aguantará? Espero que sí.

Me levanto y dejo la toalla en su sitio. Apago el grifo y me miro al espejo. Tengo los ojos completamente enrojecidos y resaltan su belleza esmeralda.


Me gustan mis ojos cuando están así. Pocas veces tengo la ocasión de verlos. Ya sabéis…


No me dejo.

lunes, 11 de mayo de 2009

Cita

"Será la razón mi guía, la voluntad mi fuerza, el deber de proceder así mi perseverancia y el apoyo mas grande... mi fe."
Adolf Hitler (1889 - 1945)

miércoles, 6 de mayo de 2009

Adivina adivinanza...

Me quema por dentro
y araña mi alma.
Rompe así la calma
dejándome hambriento.




¿Puedes sentirlo?
Se llama incertidumbre…

sábado, 2 de mayo de 2009

¿Cita?

"¿Te ha pasado alguna vez que, despúes de una noche complicada, la mente, machacante, no te deja descansar? ¿No te deja dormir? Abre los ojos, levántate y deja de pensar."
-Hades (suspiro)

lunes, 27 de abril de 2009

En lo más profundo...

Salgo del coche; respiro profunda y pausadamente. He llegado. Miro al edificio de viviendas que se erige frente a mí y, ansioso, busco el sexto piso entre la multitud de ventanas que forman la fachada. Ahí es donde te encuentras. Ahí es a donde me dirijo. Necesito llamar al telefonillo, pues el portal está cerrado y el conserje anda perdido en alguna de sus taras nocturnas.

Ya en el descansillo de la sexta planta busco tu puerta. Sobre ella, orgullosa y soberbia, la letra A vigila eternamente a aquellos que se adentran a través del umbral. No me amilana. Vengo resuelto a verte. Con paso decidido me acerco a ella y… vacilo. No puedo vacilar. Las lágrimas intentan amargar mi osadía pero me contengo. ¿Por qué iba a inquietarme sobremanera en ese instante? A veces las emociones surgen sin previo aviso, te acosan y te persiguen hasta que se desvanecen o hasta que son sustituidas por otras más intensas. La mía en este caso delega en una más intensa. Indescriptible. Sublime. Una ascensión de electricidad me invade y, haciendo acopio de autocontrol, llamo al timbre.

La puerta se abre y… no es ella.

Tranquilo amigo mío, tranquilo.

Me dirijo por el pasillo en busca del salón. Sé de forma segura que ella está en el salón. Me obligo a caminar lenta y parsimoniosamente. Encuentro el acceso al mismo y entro en escena. Busco con la mirada y allí está ella. Es preciosa. Lleva un pantalón de pijama y una camiseta. Nada de maquillaje. El pelo suelto y salvaje. Pero ella es preciosa. No necesita nada de eso para provocar lo que en mí se desata. Un caos de sentimientos.

Sus ojos negros derriten mi ser por entero. Cautivan mi persona. Incorrupto es el rostro que me abate. ¿Puede un ser tan casto doblegarme? Soledad y frustración fluían dentro de mí y acometían mi espíritu sin piedad. Hasta que la encontré. Ella es quietud, sosiego y descanso... Ella es tranquilidad.


Saludo con naturalidad, disimulando el torrente de sensaciones en mí yacentes. Me siento en un sillón libre y descanso. Transcurre la noche entre conversaciones llanas, juegos de cartas, risas y una televisión encendida con un canal de ¿música? sintonizado. Pero yo soy ajeno a todo ello. La miro... la observo y, cada vez que puedo, le robo una mirada, una sonrisa o un simple gesto. Guardo aquello objeto de hurto con recelo en lo más profundo de mi corazón. Ahí nunca nadie podrá quitarme nada.

Y de mí se apodera el gozo.

jueves, 16 de abril de 2009

Mientras Europa duerme...

Voy caminando por las calles de mi ciudad, Madrid: una ciudad de oportunidades, cosmopolita; llena de actividad y energía. Llena de risas de niños, de parejas cogidas de la mano, de taxistas furiosos; Llena de luz, de color…

Llena de inmigrantes.

La inmigración masiva es un cáncer. Estoy seguro de que ahora mismo me estáis comparando con Adolf Hitler. Claro, acabo de meter el dedo en una de las llagas de esta deprimente sociedad aletargada. La inmigración. Y claro, como buen tema tabú, es políticamente incorrecto. Es inmoral. Va en contra de la solidaridad, de la caridad, de la bondad y sobretodo de la tolerancia. Bueno ¿y qué? Es hora de acercarnos un poquito a la verdad que nuestros mandatarios han querido edulcorar. Abrid los ojos, estúpidos.

La emigración es un fenómeno natural que llevamos los hombres en la sangre. Se ha demostrado a lo largo de los siglos. Es un fenómeno resultado por un estado de necesidad que lleva al individuo a trasladarse de su lugar de nacimiento y residencia en busca de una situación económica y social más cómoda o, en casos de guerra o “caza de brujas”, en busca de un refugio y una protección. Eres emigrante de tu país e inmigrante del país huésped (por si alguien no lo sabía).

Todo país es consciente de la necesidad de inmigración. ¿Qué supone la inmigración? Supone, para empezar, mano de obra. Si. Mientras el nacional tiene la oportunidad de escalar peldaños hacia una clase media acomodada, el inmigrante hará el trabajo de la clase obrera. Mano de obra barata. Porque es barata. Pero ¿por qué entonces no se vuelven a su país? Es obvio: porque lo que aquí consideramos barato allí no lo es tanto. Hasta aquí ningún problema. Ni para el país huésped ni para el inmigrante. ¿Qué ocurre entonces? Que se da el llamado fenómeno de reagrupación, que consiste en que cada inmigrante legalizado reagrupa, es decir, reúne a su familia en el país huésped. Un ejemplo ayudará a entenderlo:

Wenceslao trabaja para una empresa de jardineros; cobra un salario normal de ayudante, está regularizado según las leyes de inmigración y está inscrito en la Seguridad Social. Wenceslao, al ser consciente de que su situación ya es estable, considera oportuno llamar a su mujer y a sus hijos y, si me apura, a su madre a reunirse con él en un país donde tiene más oportunidades y dónde no es tan difícil escapar de la pobreza. Enternecedor. Comienza la inmigración masiva, pero no termina.

¿Y por qué no termina? Particularmente en España gracias a la regulación masiva del ministro Caldera, del Gobierno de Zapatero. No me gustaría meterme en asuntos políticos (pues los considero basura a todos los integrantes de ese fantástico club social llamado política), pero esa regulación masiva es un claro ejemplo de cómo envenenar a un país.

Regulación masiva --> Reagrupación familiar masiva. Bravo Señor Caldera.

Situación final: Nuestro querido amigo Wenceslao está asentado en su casa de alquiler; todo correcto: trabaja, se gana el pan de cada día y procura mantener a su familia; además ha decidido sacarse la doble nacionalidad. Mientras, la mujer trabaja de servicio doméstico en una casa, la pagan en dinero negro y no cotiza en la Seguridad Social; mientras tanto, va haciendo su papeleo. Dentro de unos años será regularizada como lo fue su esposo. Los niños tampoco cotizan en la Seguridad Social. La madre… etc.

Pero con el trabajo reconocido de uno se benefician todos de algo que paga el contribuyente traducido en forma de sanidad y educación gratuita entre otras ventajas. Sí, eso se paga con dinero público. Y si, ese dinero público proviene del contribuyente. Gracias.


Que emigren unos cuantos no es problema. El problema es que emigren TODOS. Claramente hay un gran problema en vuestro país: sistema ineficiente empujado por corruptos y mentirosos (casi como aqui, pero menos discreto). Y si seguís huyendo en la vida lo vais a solventar y vuestros países seguirán siendo pobres y prostituidos por siempre jamás.

Y por si fuera poco, más que traer mano de obra, y esto que digo a continuación está estadisticamente comprobado, lo que traen es más delincuencia. El 60% de los delincuentes menores de edad, por poner un ejemplo, son extranjeros (inmigrantes).


La inmigración es necesaria, pero en su justa medida, pues como todo en exceso, es malo.
Pero esto solamente ocurre en España. Pero ¿y en el resto de Europa? En el resto de Europa es peor. Estamos infectados por todo tipo de pobladores tercermundistas provenientes de África.


Y lo que es peor: estamos siendo invadidos por escoria islamista.


Vayamos por partes.

Los cayucos que desembarcan en España lo hacen aquí por ser las puertas del viejo continente, no por nada en especial. Los negros (¿aún se acepta esta denominación a las gentes de color?) procedentes de todos los rincones del continente más rico en recursos del mundo únicamente están en España de paso. Ellos suben a Francia. Asique de ahí no tenemos ningún problema. Bueno, tenemos un par: custodiar y deportar como primer problema; como segundo: recoger sus cadáveres hinchados por el calor y la humedad.


El hecho de que pasen a Francia es comprensible: el idioma. La mayoría de estas personas dominan el francés como lengua natal, pues son originarios de países de habla francófona. Esto es un derivado de la época de las colonias. Entonces ¿qué? ¿No es nuestro problema? Pues qué queréis que os diga, pero para mí, por lo menos para mí, Francia sigue perteneciendo a Europa.

El islam. La eterna epidemia.

Sus integrantes son como bacterias intentándose hacer con el control total de las civilizaciones. Poco a poco van infiltrando pequeños reductos en el mundo occidental que van creciendo cada vez más hasta constituir verdaderos guetos (véanse Francia, Holanda, Bélgica…). Esa es la realidad. La realidad es que dejamos que, por miedo a la represión por parte de la neoliberal opinión pública, campen a sus anchas por un mundo que no es el suyo. Y no porque yo diga que no es suyo. Sino porque ellos mismos así lo consideran. Sus imanes claman a los cuatro vientos el derrocamiento de los gobiernos occidentales y piden de forma ferviente las cabezas de “los perros infieles” en bandejas de plata.





Sus manifiestos han sido alterados por sus mandatarios para catequizar y enfurecer a sus masas. Así consiguen que estos vengan guiados por el afán de conquistar pequeñas partes de nuestro mundo asentándose así en un lugar ajeno al suyo originario, ocupando un puesto de trabajo que debería estar vacante y libre a disposición de un autóctono y, sobre todo, imponiendo su religión y sus directrices que obligan a edificar templos de culto...

Sus escritos, entre otros versos recogidos del Corán, ¿incitan? ¡No! ¡Obligan a luchar contra aquellos que impidan la expansión del islam! ¡Obligan a lo que ellos llaman yihad, a la lucha!





Y mientras nosotros les acogemos con los brazos abiertos ellos afilan sus cuchillos para ensartarnos de parte a parte en cuanto les den la señal. Estamos en un estado de sopor continuado. No despertamos de nuestros sueños felices sobre un mundo en paz y armonía cuando un poco más al este de donde nos encontramos entrenan milicias dispuestas al combate, dispuestas al suicidio o sacrificio y dispuestas a degollar rehenes enfrente de una cámara de televisión para más tarde darse propaganda como si de un anuncio de Coca Cola se tratara. Son unos pocos diréis, unos pocos radicales. ¿También fueron unos pocos radicales aquellos que asaltaron la embajada de Dinamarca en un país árabe cuando se publicaron aquellas caricaturas? ¿Y los que quemaron las banderas? ¿Y todos los demás altercados que hubo, que ni su policía rechazó? Ahí es donde se ve su verdadera naturaleza. Y seguimos estando ciegos. Rectifico: seguís estando ciegos.

¿Y que ocurre cuando se meten con el Dios de occidente o queman nuestras banderas y las pisotean? No ocurre nada. ¿Por qué? Porque somos unos cobardes. Estamos influidos por el racismo positivo que impera en nuestra sociedad. Dicen que, en teoría, el hombre blanco es el hacedor de todos los males que han asolado sus civilizaciones y ¿por esta razon debemos sentirnos culpables y tolerar sus comportamientos? El tiempo pasa y de paso cura. Yo me siento orgulloso (y qúe persona normal no lo estaría) de que mi nación haya conquistado territorios antaño y, es más, me siento orgulloso de que una vez fuera mi tierra Europa la que domino el mundo en su totalidad.

A la par de que ellos hacen los que les viene en gana, nosotros, bajo el yugo de una tolerancia radical, bajo el imperio del racismo positivo, tenemos que sentirnos culpables de su situación y permitirles todos sus comportamientos.


Si Dios quiere esto os ayudará a recuperar vuestra razón y después de verlo, preguntaos por qué tan poca repercusión mediática ante un tema que, siendo el caso contrario, hubiese movilizado hasta la ONU. Disfrutadlo:

http://www.liveleak.com/view?i=d1c_1239034565

Por último exponer que el problema va más allá. En España estamos entre la primera y la segunda generación de inmigrantes (y dentro de poco, no lo olivdemos, habrá más y más musulmanes). El problema está en cuando acabemos como en Francia: generaciones tercera y cuarta de inmigrantes; los hijos y nietos de aquellos que emigraron. Los que ya están más que cuajados. A esos ya no se les puede mover. Son como la mala hierba. Y en España sucederá lo mismo. ¿No te lo crees? Sal a dar un paseo.


(El título del tema es también el título de un libro referente a la inmigración en Europa y a todo el tema tratado en general visto, si no me equivoco, desde el punto de vista de un escritor estadounidense, Bruce Bawer, residente en Europa desde 1998. Probablemente su libro trate de manera más clara, más documentada y no tan exaltada este tema. Yo por mi parte pienso leérmelo y os animo a que lo hagáis.)


¡DESPERTA FERRO!
.


viernes, 3 de abril de 2009

Alter ego

Corro y no miro hacia atrás. Solamente me observo en el espejo que tengo delante. Me veo sudar. Mis zancadas llevan un ritmo constante mientras la gente sube y baja de diferentes maquinas que comprenden la zona de cardiovascular & musculación del polideportivo Pradillo. Pero yo me ubico en otro lugar. Me desentiendo de toda esa actividad y durante media hora interminable dejo volar mi imaginación hacia los deseos más oscuros.

Me meto en la piel de otro yo. Un alter ego homicida. Una persona sin escrúpulos, sin corazón y sin moral. Sólo otro animal más en la jungla que nos rodea. Llevo un cuchillo. En todas mis fantasías llevo un cuchillo. Y en todas ellas me rodea una sensación indescriptible de placer. ¿Qué me está pasando? No lo sé, pero me gusta. Me gusta ver el miedo en las caras de las personas que completan mis quimeras. Me gusta ver sus ojos apagándose mientras sesgo sus vidas. Me gusta su dolor.

En muchas de ellas suele ser gente conocida. El novio ególatra de una mujer codiciada. El ex amante celoso y cargante de una amiga o incluso alguno de los guaperas del propio gimnasio que se pasan 2 horas musculando y luego se miran en cada uno de los espejos del complejo. Otras veces sólo estamos yo y un desconocido; un ser sin rostro al que generalmente veo como un drogodependiente suplicando para conseguir un pico o un mal nacido con el pelo pincho y varios pendientes, y con una voz adulterada por los efectos secundarios del speed y las pastillas; y disfruto…

Mi particular solución final. Liberar al mundo de aquellos que me repugnan y que gustoso les acercaría en su viaje al más allá. Aquellos a quienes no digiero.

La muerte me llama y me incita. Me susurra palabras tranquilizadoras al oído. Me necesita. Soy su mensajero. Yo siembro el miedo y ella recoge mi cosecha. Una obra maestra de muerte y destrucción. Cada uno de mis deseos es rico en sangre y desesperación. Es un cuadro de dolor. A ella le gusta. Y mi deber es hacer lo pertinente.

Les atravieso con diez centímetros de centelleante acero. Un escalofrío recorre mi espalda cuando escucho el gorgoteo de sus gargantas. Su sangre mana de forma sustancial. Les sujeto mientras les sustraigo la fuerza vital. Siento como se les escapa la vida entre los dedos y no pueden hacer nada. A veces les doy un beso en la mejilla. Otras simplemente les dejo inertes en el suelo y miro desde fuera mi silueta ensangrentada. Incluso algunas veces procuro tranquilizarles, convencerles de que lo mejor es dejarse llevar y sumergirse en el sueño eterno. Y yo sonrío. Sonrío con maldad. Y me sorprendo sonriéndome en el espejo mientras en el panel de la cinta reza “COOL DOWN” y baja el ritmo de forma automática. La sesión ha terminado. Estiro los músculos, me seco el sudor y me dispongo a ir a la ducha. Antes de entrar en el vestuario hecho un vistazo rápido en derredor.
Mañana vuelta a empezar.

miércoles, 18 de marzo de 2009

Los caminos de Dios son inescrutables

¿Existe Dios realmente? Antes creía de forma fehaciente que sí. ¿Y ahora? Ahora tengo mis dudas. Intentaré compartir mi pequeña (o no tan pequeña) crisis de fe de la manera más clara y concisa posible.

Mirad a vuestro alrededor. ¿Qué veis? Yo veo animales, plantas, polvo, comercios, transportes tecnología, infraestructuras, nuevas filosofías… evolución. Pero ¿y si miramos más allá? Nada. No hay nada. ¿No da qué pensar? Mi opinión al respecto empieza a ser científica. Nuestra existencia sólo se debe a la suerte que tenemos de habitar un planeta cuyas condiciones han permitido la existencia de algo llamado “vida”. Porque más allá ¿qué hay? Todo esto nos viene grande a los, mientras no se demuestre lo contrario, únicos habitantes del Sistema Solar. Y vamos a ver, si el Sistema Solar ya nos viene grande, ¿qué decir de la Vía Láctea o del propio Universo? Entonces, ¿existe un ser supremo que ha creado todo esto? Siendo así… ¿por qué sólo crearnos a nosotros y no crear más seres en otros lugares? Lo dicho, que nos viene grande… ¿y eso no debería hacernos plantearnos las cosas?




Comencemos por el principio: la creación del Universo.

El Universo se crea a partir del choque entre partículas de materia con partículas de antimateria, lo que crea la llamada teoría del Big Bang, gran explosión por la cual aparece el Universo, un espacio susceptible de albergar materia. Los creyentes siempre hemos creído que el universo lo creó Dios. Que a pesar de todas las teorías científicas que intentan demostrar la no existencia de Dios, siempre hay algo antes de todo. Pero entonces yo pregunto lo que todos los niños preguntan ¿Cuándo nació Dios? ¿De dónde viene Dios? Siempre se responde con lo mismo: Dios siempre ha estado ahí. Y por la misma regla de tres ¿por qué siempre tiene que haber algo antes? ¿Por qué no, al igual que Dios siempre ha estado ahí, el Universo se creó porque sí, por acción independiente? ¿Por qué una teoría si vale y la otra simplemente es impensable? ¿Alguien me explica la diferencia?

Según los las religiones judeocristianas Dios creó la luz, la oscuridad, la tierra, el agua, las plantas, los animales… Conforme la ciencia va avanzando se van realizando descubrimientos sobre el sentido, la proveniencia y el sino de cada cosa. Antes, los terremotos, al no saber de dónde venían, se le atribuían a alguna vieja deidad del mundo antiguo. En la actualidad se sabe más que de sobra que son consecuencia de es una sacudida del terreno que se produce debido al choque de las placas tectónicas y a la liberación de energía en el curso de una reorganización brusca de materiales de la corteza terrestre al superar el estado de equilibrio mecánico.


Pero remitámonos a la Biblia en su Libro primero: el Génesis.

“En el principio creó Dios los cielos y la tierra. 2 Y la tierra estaba sin orden y vacía. Había tinieblas sobre la faz del océano, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas.
3 Entonces dijo Dios: "Sea la luz", y fue la luz. 4 Dios vio que la luz era buena, y separó Dios la luz de las tinieblas. 5 Dios llamó a la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche. Y fue la tarde y fue la mañana del primer día.
6 Entonces dijo Dios: "Haya una bóveda en medio de las aguas, para que separe las aguas de las aguas." 7 E hizo Dios la bóveda, y separó las aguas que están debajo de la bóveda, de las aguas que están sobre la bóveda. Y fue así. 8 Dios llamó a la bóveda Cielos. Y fue la tarde y fue la mañana del segundo día.
9 Entonces dijo Dios: "Reúnanse las aguas que están debajo del cielo en un solo lugar, de modo que aparezca la parte seca." Y fue así. 10 Llamó Dios a la parte seca Tierra, y a la reunión de las aguas llamó Mares; y vio Dios que esto era bueno. 11 Después dijo Dios: "Produzca la tierra hierba, plantas que den semilla y árboles frutales que den fruto, según su especie, cuya semilla esté en él, sobre la tierra." Y fue así. 12 La tierra produjo hierba, plantas que dan semilla según su especie, árboles frutales cuya semilla está en su fruto, según su especie. Y vio Dios que esto era bueno. 13 Y fue la tarde y fue la mañana del tercer día.
14 Entonces dijo Dios: "Haya lumbreras en la bóveda del cielo para distinguir el día de la noche, para servir de señales, para las estaciones y para los días y los años. 15 Así sirvan de lumbreras para que alumbren la tierra desde la bóveda del cielo." Y fue así. 16 E hizo Dios las dos grandes lumbreras: la lumbrera mayor para dominar en el día, y la lumbrera menor para dominar en la noche. Hizo también las estrellas. 17 Dios las puso en la bóveda del cielo para alumbrar sobre la tierra, 18 para dominar en el día y en la noche, y para separar la luz de las tinieblas. Y vio Dios que esto era bueno. 19 Y fue la tarde y fue la mañana del cuarto día.
20 Entonces dijo Dios: "Produzcan las aguas innumerables seres vivientes, y haya aves que vuelen sobre la tierra, en la bóveda del cielo." 21 Y creó Dios los grandes animales acuáticos, todos los seres vivientes que se desplazan y que las aguas produjeron, según su especie, y toda ave alada según su especie. Vio Dios que esto era bueno, 22 y los bendijo Dios diciendo: "Sed fecundos y multiplicaos. Llenad las aguas de los mares; y multiplíquense las aves en la tierra." 23 Y fue la tarde y fue la mañana del quinto día.
24 Entonces dijo Dios: "Produzca la tierra seres vivientes según su especie: ganado, reptiles y animales de la tierra, según su especie." Y fue así. 25 Hizo Dios los animales de la tierra según su especie, el ganado según su especie y los reptiles de la tierra según su especie. Y vio Dios que esto era bueno.”


Si analizamos este primer texto bíblico encontramos que la creación está descrita, no como la creación del universo, sino como la creación del mundo tal como lo verían actualmente unos ojos carentes de todo el conocimiento referente al Universo, los astros y demás materia moradora del espacio. La descripción es la descripción de cómo un hombre supondría que se ha creado el planeta Tierra: con su día y su noche, su tierra y su agua y sus animales y plantas. Pero siempre que ocurre esto en un texto bíblico se recurre a la argumentación de que tales escritos únicamente confeccionan metáforas o símiles.

Los representantes de las religiones han ido abriendo la mano en cuánto a dar la razón a la ciencia, antes discriminada, en temas que antes eran inexplicables y paranormales y que ahora son perfectamente reconocidos por todas las instituciones estudiosas de las materias a las que atañe cada rectificación hecha por parte de las religiones.




La segunda parte es menos científica, más histórica, pero no por ello menos interesante: la creación de los dioses.

Los dioses anteriormente no eran dioses tal y como los conocemos nosotros: seres supremos semejantes a los hombres. No. Los dioses en un principio se conocían como entes que habitaban en las cosas (los primeros romanos denominaban a cada ente con el nombre de "numen"). En un río, en un animal, en una planta, en una roca e incluso en un amuleto. Ni siquiera les llamaban dioses. Simplemente se les rezaba para que al cruzar una carreta en una zona de paso de un río, la corriente no se llevara a los animales de tiro o se les rezaba para que la ingesta de una planta no causare un envenenamiento. Era una forma de dar explicación al hecho de por qué el río fluía, por qué la roca estaba ahí y por qué los árboles dan frutos en verano y en invierno se les caen las hojas. Preguntas que ahora mismo nos harían sonreír por la mera simplicidad de las respuestas.

Las culturas fueron progresando y, en la edad de bronce, las civilizaciones empezaron a adorar a entes más específicos. Seres supremos que “traían” lluvias a los campos o que de sus pulmones “salía” en forma de soplo lo que entonces conocían como viento. Las culturas empezaron a interrelacionarse y se solían exportar e importar los dioses casi como las mercancías de un comerciante.

El ejemplo más claro sucede en Roma, donde la deidad más antigua en el sentido de “ser supremo semejante al hombre” fue, no Júpiter, como pensarán muchos por ser el padre de los dioses, sino que fue Hércules.
Sucedió que un hombre mató a una bestia que asolaba la región de las siete colinas llamada “la ruma”, donde se edifico Roma. Los mercaderes fenicios que pasaban por allí para comerciar con sal y metal escuchando la historia llegaron a la conclusión de que ese ser debía de ser Melkart, el Heracles griego. Hércules para los romanos.

Y las religiones politeístas arraigaron. Más adelante fueron suplantadas por la unificación de esos mismos dioses en uno solo, dando lugar al monoteísmo donde Dios, Yavéh o Jehová, Alá o el dios que no pueden siquiera nombrar los budistas, es el mismo ser, único y supremo, visto desde diferentes puntos de vista, que es infinito en sí mismo así como en su sabiduría.

Así se crean los Dioses. Pero… si hemos progresado como ciencia y hemos comprobado que efectos del mundo antes paranormales ahora son perfectamente explicables y normales ¿por qué seguimos creyendo en Dios? Es más que probable que, si la humanidad fuese imperecedera, acabásemos hallando las respuestas de las preguntas más rebuscadas que se formulan ciencia, teología y naturaleza en la actualidad, y que en la actualidad se atribuyen a entes desconocidos que consideramos supremos.




Miedo.

El ser humano, al ser poseedor legítimo del don natural del raciocinio, consiente que de su interior se apoderen diversas emociones sin causa aparente. Me explico. Un perro siente miedo cuando su amo se acerca con un palo con el cual anteriormente ya le ha agredido. El ser humano piensa. El ser humano piensa en la muerte, un hecho futuro y real, pero incierto en el tiempo y la forma a que se refiere. El ser humano, entonces, tiene miedo.

¿Es ese miedo a la muerte lo que hace que el ser humano, habiendo dado más que suficientes explicaciones a todo aquello que en el pasado no comprendía, permita que Dios siga existiendo en nosotros? Y a partir de aquí nos adentramos en un terreno peligroso.

El miedo a la muerte y a lo desconocido que nos espera al cruzar al otro lado nos obliga a aferrarnos a la ciega e incierta creencia de que existe algo más allá. ¿Es de débiles creer en ello? Si creemos en un ser supremo más allá de todo por miedo a la muerte y al final de todo: si. Si por el contrario creemos en ese ser supremo por convicción, con fe ciega, entonces considero que no es símbolo de debilidad, de otra cosa quizás, pero no de debilidad. La gran pregunta es: ¿tenemos ese miedo y por ello el ser humano cree?

Y no sólo podemos hablar de miedo al más allá o a lo desconocido, sino que podemos referirnos también al miedo introducido en nuestras personas por medio de la Iglesia en los tiempos que van desde la imposición del Cristianismo como religión oficial por el emperador Constantino hasta el siglo XIX. Miedo al Infierno. Miedo al dolor y al sufrimiento; a la desesperación y a la soledad absoluta. Miedo elevado a la enésima potencia gracias a la palabra eternidad.

Ni los más grandes eruditos, de las épocas antiguas o las modernas y contemporáneas, han resuelto el gran misterio que nos atormenta desde el principio: ¿Hay algo más después de la muerte? Esta pregunta sin respuesta puede inducirnos a plantear otra, la cual sigue aún sin respuesta así mismo: ¿Es posible demostrar la existencia de Dios? No.

Autores como Platón y Kant tenían varias teorías acerca de la posibilidad de probar su existencia o inexistencia. La más relevante, en mi opinión, es la de Kant, en donde elabora un estudio donde plantea que, al no haber castigo o premio justo en la Tierra para muchas de las acciones cometidas por los hombres, debería haber una justicia más allá, una justicia universal que nos juzgase una vez abandonásemos este mundo. Esa justicia es Dios.

Además de la teoría de la justicia divina, también pretende conocer de su existencia por medio de la moral. Es decir, por medio de la moral es posible conocer la existencia de Dios, a través de la distinción propia de una mente cabal entre el bien y el mal.

Pero también cabe la posibilidad de que la moralidad sea fruto de nuestros propios pensamientos. De nuestros razonamientos. Si nos paramos a pensar en la evolución de la moralidad en el ser humano, hace veinte mil años la pena de muerte estaba bien vista por las sociedades y era moralmente correcta según para qué casos. Y hoy en día sigue vigente, aunque esté mal vista. Así pues, ¿es la moralidad un producto de nuestra razón, que con el tiempo, al igual que nosotros, ha ido evolucionando o es un sistema introducido por el Creador en nuestras almas para detectar aquello que es correcto y aquello que no lo es?




Estoy seguro de que estos temas aquí expuestos dan qué pensar… La muerte. ¿Qué encontraremos en el más allá, si es que existe un más allá? No lo sé. Lo único que sé es que, a pesar de todos estos razonamientos, sigo curiosamente creyendo en un Dios más allá de lo humano y más allá de nuestra insignificancia en tan vasto Universo. Todos necesitamos aferrarnos a algo. Verdaderamente encontramos felicidad en estas creencias. Nos tranquiliza la ausencia del miedo. Nos aterra la soledad.

sábado, 17 de enero de 2009

Cita

"Un amigo fiel es un alma en dos cuerpos".
Aristóteles (384 a.C.-322 a.C.)

jueves, 25 de diciembre de 2008

Feliz Navidad


La Navidad proviene de la palabra natividad y ésta, a su vez, de la palabra nacimiento (por el nacimiento de Cristo). Se celebra la Navidad en Diciembre porque antiguamente por estas fechas se celebraba el solsticio de invierno (el día más corto del año). No le veo mucho sentido. Así como tampoco le veo el sentido a estas fechas tan… ¿señaladas? No os alarméis, simplemente voy a desahogarme un poco.

La mitad de la población no es cristiana: ateos, agnósticos, musulmanes, judíos, científicos… La otra mitad sí. De la mitad de nosotros que nos consideramos católicos, la mitad no practican, no van a misa y sólo rezan para pedir en contadas ocasiones (un familiar moribundo, un aprobado, un aumento de sueldo, una absolución de condena) y la otra mitad pide también, pero con la diferencia de que a veces dan gracias y de vez en cuando van a misa, sin contar con que muchos de estos últimos desprecian al prójimo por razón de clase, sexo o religión (o no-religión).

Partiendo de esta base, en la que nos encontramos de todo salvo un porcentaje muy bajo de personas decentes, comienzo pues a ilustraros con mi humilde, pero no por ello pobre, opinión.

Me inquieta la hipocresía. Vuestra hipocresía. Mi hipocresía. ¿Cuántos de nosotros no dejamos de atacar a la Iglesia a lo largo del año? ¿Cuántos de nosotros nos reímos de curas, religión, creencias “absurdas” producto del miedo, etc.? ¿Cuántos de nosotros celebramos la Navidad, brindamos en Nochebuena y no pisamos una Iglesia desde hace tiempo? Yo os responderé: pues la gran mayoría. Entonces, hipócritas, ¿cuántos de vosotros celebráis la Navidad y, sin embargo, os la tomáis a la ligera, sin pensar siquiera que es gracias a Dios que te han dado vacaciones en el curro, en la universidad o en el colegio?

Y por encima de todo, destaca que estas son las mejores fechas para echar unos cuantos llantos, acordándonos de aquellos que ya no están, de que tu familia está rota, de que tu madre no se habla con su familia y de que tus abuelos están en profunda depresión y no quieren que les vayas a visitar (aunque tú, con paciencia divina, te plantas ahí y escuchas sus interminables penurias con una puta sonrisa de oreja a oreja cuya manutención no te han pagado). De puta madre, son las fechas idóneas para ¿fiesta?, ¿sonrisas?, ¿brindis? Joder, si hasta el clima está en contra y hace un frío del copón, que la mitad acabamos en cama con anginas…

Aún hay más: todo es musiquita de mierda. En los grandes almacenes, en el mercado, en la calle, en la radio: todo son asquerosos villancicos cantados por niños “felices” a los que llegada su pre-adolescencia serían objeto de mutilación para preservar su aguda voz y poder seguir siendo fuente de ingresos para unos padres degenerados (esto último contiene un porcentaje de invención un poco elevado). Y ponen villancicos mientras te estás dejando dos sueldos en comprar regalos para toda la familia, quizás así piensen los del departamento de marketing del Corte Inglés que te duele menos gastar…o a lo mejor es otra de muchas tantas contradicciones que existen en el mundo, que es escuchar un cántico religioso mientras alimentas el gran árbol del consumismo y el materialismo.

En fin, creo que debería encontrar la raíz de este resquemor que tengo contra estas fechas. Quizás debería ir a un psicólogo o para futuras ocasiones explicarme mejor. No sé. Quizás debería dejar de ir a misa y hacer como la mayoría de vosotros, quizás así comprenda y no me moleste tanto. O puedo seguir fiel a mis creencias e ideales. No sé, lo del psicólogo no suena mal.
Feliz Navidad.

miércoles, 17 de diciembre de 2008

En la noche...

El silencio de la noche se vio interrumpido por el tenue rasgar de las hojas. Pisadas lentas y cautelosas, acechantes. En el bosque todos sabían de ella. La única criatura tan pura que el simple mirar de sus ojos producía llanto y locura. Caminaba lenta y pausadamente. No debía hacer esperar a su amada. Allí la llamaría y ella acudiría. Allí se besarían. Remontó hacia la cumbre más alta. Su piel blanca como el hielo ártico contrastaba con la oscuridad de la noche. El aurea que destilaba se mezclaba con la ansiedad del momento: era noche de Luna llena.

Aullido...


El Lobo y la Luna se fundieron en uno solo. Sucedió un beso capaz de salvaguardar el silencio de una llanura y de helar las llamas de una hoguera destinadas a quemar su corazón maltrecho de soledad. El tiempo se paró y el viento se debilitó. Solos él y ella. Concluyó su aullido y miró al cielo. Una mirada sincera enfocó al firmamento y la volvió a encontrar.


Aullido...


Y así, durante la larga noche invernal, con la helada de la más brillante madrugada, Luna y Lobo compartieron su anhelado momento.


Cabizbajo regresó a su hogar…dentro de un mes volvería. Mientras, la incomprensión y el miedo a lo desconocido por parte de instintos ajenos, le devolverían a la eterna soledad.


Pero él apreciaba la espera.

martes, 11 de noviembre de 2008

Cita

"Empieza de una vez a ser quien eres, en vez de calcular quien serás."
Franz Kafka (1883 - 1924)

lunes, 10 de noviembre de 2008

Dejadme escribir (soneto)


Rara vez me someto a tal dilema
de cantaros en verso lo que siento,
ya que de esta forma a los grandes tiento
a compartir su arte con un poema.


A lo lejos percibo aquel fonema
que describe a la figura del viento,
que elucubra en cada disentimiento
para por tierra desechar mi esquema.


¡Déjame brindar por esta elegía!
Y no amargues el vino que aquí ofrezco
pues los versos erigen poesía.


Y humilde y sátiro me compadezco
de aquel que con burla y capa sonría
pues bien sé lo que orgulloso merezco.

Vida y Obra (II)

He leído así por encima el capítulo anterior, por llamarlo de algún modo, y me he fijado en que relato como el culo. Es más, me centro en un simple suceso como es el pobre intento de asesinato que perpetré con 8 años por un sucio columpio de parque y de ahí no salgo excepto para humillarme un poquito más con el tema de mi obesidad (mórbida según el pediatra, por cierto). Pero corregiré esto. He aquí aquello que faltaba: mi hermano mayor era un cabrón.

Probablemente todos los hermanos mayores, hasta los 16 años que cumplen sus víctimas, son unos cabrones. Bueno, el mío a mis 15 años estaba en Inglaterra estudiando y viviendo, asique supongo que fue un cabrón sólo hasta los catorce. Pura física: si no estaba... El cabroncete se aliaba con todo familiar existente con ganas de putear y conseguía sus objetivos de manera óptima. Se reía (y aún lo hace) de la desgracia ajena. Bueno, a decir verdad creo que todos tenemos un poco de esa mentalidad. Creo que es la sangre ibérica que, mezclada con la de los moros de cuando nos conquistaron, allá por el cuatrocientos y pico, crea una reacción bastante efervescente de la cual salimos nosotros mil y pico años después. Todavía no está demostrado, quizás me ponga a ello.

El caso es que mi primer recuerdo de lo cabrón que era mi hermano viene de cuando yo era pequeñito y me dedicaba a trepar por lo sofás del cuarto de la tele. Una calurosa tarde de verano estaba yo con mi cochecito tan contento por el sofá cuando se me cayó por detrás, entre el respaldo y la pared. Fijaos que vago era yo que intenté cogerlo desde arriba y claro, tan bajito que era no llegaba. Pero yo ahí, erre que erre, creyéndome Mr. Fantástico (el de los 4, el que se estiraba) y claro, la ostia fue sublime. Entonces te esperas que tu hermano mayor, en un alarde de valentía y destreza, trepe por el sofá, te alargue la mano y con cara de Conan te diga: “coge mi mano, yo te salvaré”. Mucha fe ostentaba yo por aquel entonces: mi llanto se mezcló con sus carcajadas.


Pero era peor cuando se aliaba con algún familiar ya sea primo o abuelo. Bien, aquí tengo que aclarar que no es que mi hermano fuese muy retorcido, sino que los retorcidos eran aquellos que le coaccionaban a pincharme vez tras vez; mi abuelo paterno en especial, al que nunca tendré especial cariño. Me cogían y ambos se empezaban a meter conmigo. A mi querido abuelo le encantaba la jardinería. El vivía, y vive, en un piso dúplex con un torreón inmenso con mogollón de plantitas y mariconadas varias. Mi venganza fue terrible. Después de tanto tiempo intimidado, saqué fuerzas de mi interior, y me cargué su pluviómetro. Que te jodan abuelo. Todavía me regodeo cuando pienso en la cara de estúpido que se te quedó.

Nunca lo olvidaré. Fue como si le hubiese fulminado un rayo en el mismo instante en que el instrumento de “nosecuantas” mil pesetas se hizo añicos y desperdigó cristalitos por todo el suelo. Su rostro fue cambiando desde la marcada carcajada pendenciera que hasta ese mismo momento lucía hasta el gesto más sandio que podía llegar a aflorar entre sus facciones. Sandio significa necio, para el que no lo sepa. Pues bien, esto me llena ahora. En ese momento yo me encontré aturdido. Me fui corriendo. La rabia me había vuelto a cegar y hacía cosas de forma impulsiva. Comía impulsivamente, bebía impulsivamente y puteaba a mi abuelo impulsivamente. Digo puteaba porque la cosa no acabó ahí. Por supuesto que no.

En su escalera, la que unía el dúplex, se hallaban unas borlas doradas y plateadas bastante caras, sobresalientes en los extremos de la barandilla. Mi padre se proclamó culpable para protegerme. Me daba igual, porque ellos saben que fui yo. Por todas las veces que me llamaron mimado; por las veces que se metían con mi madre cuando no estaba delante y por todas las personas a las que han hecho la vida imposible. A tomar por el culo las borlitas de los cojones. Mi inconsciente segregó una ola de placer dentro de mi ser cuando escuché el CRACK de los lujosos adornos al quebrarse. Que bonito recuerdo. Gracias a esto, soy el único de los primos que le echa huevos cuando mi abuelo se enfada. A los demás siempre les faltó ponerse de rodillas y llevar a cabo una sutil felación, a ver a quién tocaba más herencia. Alimañas…
Las putadas varias iban y venían según aparecían las oportunidades: si nos prohibía encender una luz, la encendía. Si nos prohibía tocar su bici aerostática, hacía 5 kilómetros en ella, con suerte jodería los pedales. Si nos decía que apagásemos el ladrón de la tele y el vídeo con la mano (el botoncito naranja de estos ladrones alargados…) y no con el pie, pues lo apagaba con el pie. De hecho aún lo hago. Creo que todavía se piensan que se rompen por culpa de la humedad que trae consigo una vivienda próxima al mar (viven en Mallorca),¡cuánta inocencia que hay por el mundo! Me la trae al viento, la verdad.


Queridos lectores (si es que hay alguno), me satisface comentaros que me he desahogado profundamente. Gracias.


Pues bien, la relación con mi querido hermano fue evolucionando, casi como los pokemon. Al principio nos tirábamos de los pelos o nos hacíamos burlas. Más adelante las cosas terminaban ostia limpia. Así siguió la cosa hasta llegar a un punto de tal madurez en el cual concluimos que, ni él me iba a abrir la cabeza por jugar a la consola, ni yo le iba a acuchillar a él por un trozo de sandía o por media hora más en el ordenador. Empezamos a comprender aquello de la civilización y la erradicación por parte de nuestra sociedad de la venganza privada y la Ley del Talión (la de “ojo por ojo…”), y decidimos seguir su ejemplo.


Me fastidia tener que dar marcha atrás en estos episodios tan bonitos que estoy escribiendo pero esto era algo fundamental. En el próximo capítulo espero darle algo más de cuerpo a estas historias, pues creo que me he estancado en mi dulce niñez…algún trauma tendría. No sé, cuando muera se lo pregunto a Dios.


Bueno, como no voy a dejar esto aquí, procederé a hablaros de las mascotas que tuve en esa época, todas ellas muertas, creo. La cosa empezó con Papá Noel; el amigo se sacó de la manga un periquito. Le llamamos Perico: la televisión había nos había limitado la imaginación, como podréis observar. Como supusimos que se sentiría solo, compramos una hembra periquito: Perica. Toma ya. Nos llamaban la familia original.

Al parecer, surgió entre nosotros una especie de fetichismo enfocado a los periquitos y sin comerlo ni beberlo, compramos cuatro más de golpe. Perfecto. Cuatro pajaritos en una jaula de dos. Por si no andaban lo bastante desquiciados por aquello de estar encerrados en cautividad de por vida, encima les apretujamos, como si fueran inmigrantes.

Y llegaron las tortugas. Si no era suficiente soportar el olor de 6 pájaros, que como todos los pájaros, duermen, beben agua, pían y sobretodo...cagan, pues súmale dos tortugas. Y porque no nos dio por comprar un cocodrilo, porque a ese paso...Aún así todo se amainó al cabo de un breve periodo tiempo, ya que, como en todas las casas donde conozco que han existido tortugas en forma de mascota, estas no duraban más de dos semanas. Desgraciadamente, no vienen con manual de instrucciones. Y desgraciadamente también, los niños tenemos una rara manía de probar “a ver qué pasa si" se ponen patas arriba. ¿Qué pasa? que se quedan boca a arriba. No es tan misterioso. Pero claro, si en vez de darles la vuelta de nuevo, como un buen macho alfa, te vas corriendo cuando escuchas que los anuncios de los dibujos animados han acabado, pues se mueren. Normal.

Las tortugas no resultaron ser tan graciosas como cuando las compramos así que, después de muertas, no volvimos a pensar en tortugas. Entonces vinieron los peces. Los bonitos pececitos de colores. Eran perceptibles cuando la pecera no estaba hasta el culo de comida por razón de algún ser incompetente que si fuera por él, les hubiese metido un pollo asado o algo a la hora de comer. Ese ser incompetente era yo. Debía de pensar que así crecería fuertes y sanos. No contemple la posibilidad de que cada dos por tres se atascase el filtro del agua y provocase que la pecera se convirtiese en una especie de estanque verdoso por el que flotaba comida...y algún que otro pez.

Así acabaron los peces. Con sobrealimentación y lepra (esto último sólo es una suposición).

Llegó Sandy. Una perrita Bóxer de raza pura. Originaria de Túnez. Mi tío estaba destinado allí y se la compró y como le iban a destinar a Dinamarca más tarde, un lugar frío donde una perrita criada bajo el calor de un sol africano lo pasaría fatal, decidieron regalárnosla. Era bastante buena con nosotros, hay que reconocerlo. Pero sólo con nosotros. Estaba loca. Si la sacabas a la calle se quería pegar con todos, ya fueran perros o personas. No había nadie a salvo. Teníamos que sacarla entre dos y con bozal. Pero seguía siendo un solete...¡que recuerdos!


Cuando estuvimos mi hermano mayor y yo en Inglaterra, curiosamente mis padres la "regalaron" (mi madre estaba embarazada del pequeño y era peligroso, ¡que poco corazón!). Pongo regalaron entre comillas porque si se piensa bien no concuerda: tengo una perra loca y se la regalo a una familia que vive en una finca en la sierra donde la perra podrá correr. Por cierto que la familia tenía un niño de 3 años, toma pedazo de guinda para el pastel. Pues una de dos: o la familia estaba muy loca para adoptar a una perra esquizofrénica o la finca, y la familia, y aquellos verdes prados por donde correr era todo en sentido figurado y lo que querían decir en verdad es que, tras una inyección letal, mi perrita pasó a correr por los verdes prados del más allá. Nunca quise volver a preguntar sobre este tema, prefiero vivir engañado.

Y por fin nace mi hermano pequeño. Mi preferido. Entre el mayor y yo le hemos moldeado a placer. Disciplina, obediencia 1, obediencia 2, adiestramiento deportivo, etc. Es la mascota ejemplar. Todavía vive ¡y espero que viva muchos años más! Además que le quiero un huevo ¿eh?

Y por último Link (mi actual perro); pero este vino hace poco, asique hablaremos de el más adelante.

Espero que la siguiente entrada sea de vuestro agrado, porque de esta no espero nada, la verdad.


jueves, 6 de noviembre de 2008

En el metro...

El sonido del i-pod acompaña mis pasos. Mi caminar es acompasado. Bajo las escaleras y llego a los tornos. En un lateral, apoyado en la pared, se encuentra el vigilante de seguridad que, por lo menos de vista, ya me conoce. Es negro como el ónice y tiene la mirada triste. Yo, como todos los días, paso de largo. Para mi representa un adorno del metro. Mientras pienso esto me doy cuenta de que hablo de una persona como si fuera un jarrón. Entonces llego al andén. Las mismas caras de asquerosa amargura, gente desganada que se lamenta de sus vidas sin ponerse a pensar en los grandes males que acechan cada día. La misma monotonía de siempre. Y mientras busco un sitio libre donde sentarme miro los carteles de publicidad.

“No al maltrato”

Y seguidamente:

“Prueba la nueva hamburguesa Cheesse&Onion de…”

Y entonces me pongo a pensar. La sociedad y el maltrato. La ley y el maltrato. El maltrato y el McDonald’s. Me apetece una hamburguesa. No he desayunado.

Estupendo. Lo han vuelto a conseguir. Primero se blindan contra aquel que diga que no se ocupan de los problemas de esta sociedad y luego te llenan la cabeza de basura comercial, para que en tu cerebro no quepa nada más, sólo banalidades que no van más allá de lo simplista.


Pues bien, conmigo no podéis. Y me pregunto:

¿Qué es más fácil? ¿Mantener a un pueblo “doblegado” o educado? Educado, por supuesto que no. Si educas al pueblo te sale caro. Pues ni tú, neo-cacique de ciudad, ni tus compañeros de escaño, sacaréis tajada. Si yo educo a mi pueblo en la no delincuencia, en los valores de la ética y la “mores maiorum” (moral), en la valentía y en el honor, no me enriquezco. ¿Por qué? Porque cuesta dinero. Si yo educo a mi pueblo en todas las virtudes que, centrándonos en lo que aquí atañe, hacen que un hombre sea verdaderamente un hombre, le haré entender que lo fácil es levantar la mano y lo difícil llevar a cabo un diálogo; es más, le haré ver que lo que verdaderamente llena al ser humano son los retos difíciles: le invitaré a dialogar y, él, aceptara. Pero llegan nuestros dirigentes, elegidos por vosotros, que no por mí, creando unas leyes que atentan contra las garantías jurisdiccional, penal y criminal que se recogen en el principio de legalidad de Derecho Penal. Crean la Ley de Violencia de Género, recogida en el artículo 153 del Código Penal. Crean un monstruo.

Una ley creada por la presión de la realidad social, un intento de situar un cristal cromado entre el problema y los órganos competentes para darle solución. Una ley creada a partir de la convicción de ganarse el voto electoral por parte del sector feminista. Una ley liberticida que viola el artículo 14 de la Constitución, donde dice y cito “…todos son iguales ante la ley sin distinción de sexo, raza, edad o condición social”.

Para aquellos que no lo sepan, la ley de violencia doméstica, sólo protege a la mujer. Es decir, que el sujeto pasivo, la víctima, sólo puede ser una mujer y, el sujeto activo, el transgresor del bien jurídico que es la salud, sólo puede ser un hombre. Perfecto. Para empezar, lo de doméstico está mal dicho: doméstico viene de domo, domo viene de domus. El domus en latín significaba la casa. ¿Y si yo acuchillo a mi ex-novia, que vive con sus padres todavía, en un bar? La ley también lo prevé como violencia doméstica. O de género, que si se piensa bien, también está mal dicho. De género femenino sería la forma correcta. Ni para eso, nuestros escribas y legisladores tienen la cabeza suficientemente fría.

Para seguir, ¿dónde está la famosa presunción de inocencia que tantas bocas de juristas viene llenando desde que existe la democracia? Claro, es que sobre papel todo es tan bonito… huelga decir, que por mi parte, condeno la violencia que pueda ejercer un hombre sobre una mujer, atendiendo a su superioridad en cuanto a poder físico.

¿Y qué sucede con los hombres maltratados por su mujer? El maltrato no tiene que ser necesariamente físico, a veces, la destrucción psicológica de la persona es más cruel. Machacar a una persona mentalmente y de forma constante puede inducir al suicidio. Pero eso no interesa.



Después de esta pequeña tésis llegamos a alguna conclusión: nosotros, el pueblo, vivimos bajo el yugo de los que a su merced hacen girar el mundo cual niño con su peonza. ¿Por qué una conclusión tan drástica? Porque es verdad. Porque esta Ley es sólo un ejemplo más de lo que vivimos. ¿Y qué vivimos? Vivimos una mentira. Somos ovejitas que, engañadas por el pastor, pensando que nos llevan a pastar como todos los días, nos conducen al matadero para poder fabricar de nosotros cualquier cosa que ELLOS QUIERAN. Somos sus instrumentos. Unos utilizan a las víctimas del terrorismo para su propia campaña, otros a los gays, otros guerras pasadas, otros a las madres solteras, y así, suma y sigue, hasta el fín de los tiempos.

Porque si la mitad de los viajeros del metro usasen la cabeza como yo he hecho, entonces seríamos más resistentes y no nos dejaríamos seducir por promesas de verdes pastos en praderas pirenáicas y seríamos capaces de meditar, con independencia de aquello que quieran cosechar en ese lugar, en teoría impenetrable, que es nuestra mente; nuestro particular mundo de las ideas.

La cuestión es que aún no ha llegado el metro, y yo todavía aquí…con ganas de irme al McDonald’s.

martes, 4 de noviembre de 2008

Vida y Obra (I)

He salido esta noche del gimnasio y he pensado “¿por qué no escribir un poco acerca de mi vida? Sería constructivo… ¿no?” Pues bien, aquí me tenéis, dispuesto a hablaros de mis comienzos, de mis locuras y de mis comidas de coco. Supongo que esto me llevará alguna que otra entrada de más y ¿quién sabe?, a lo mejor hasta recopilo todo y publico un libro, o no.

¿Por dónde empezar? Bueno, mi nombre no os lo voy a decir, dejémoslo en mi pseudónimo, Baldur (que es el nombre que quería ponerle a mi perro, aunque en mi casa se discrepó bastante). Aquellos coleguitas a los que he pasado el link del blog, os pido compostura. Bueno, dado el “nombre”, empecemos.

Todo comenzó una mañana del 5 de Noviembre de 1987. Mi madre rompió aguas aún cuando todavía no había amanecido y al parecer, yo tenía tanta prisa en nacer que me sacó del claustro materno la partera. Que ¡hay que joderse!, ni mi nacimiento fue como tenía que ser. El médico sobando. Y yo naciendo. ¿Qué clase de puto médico se soba? Pues según mi tío, que es médico, uno normal: de los que duermen, comen, hacen pis… El caso es que corre un rumor que dice que tal y como naces es el reflejo de tu vida como adulto. Y efectivamente. Mi hermano mayor manso y pasota. Yo hiperactivo, lo que actualmente soy, y con episodios de ansiedad, por cierto. Mi hermano pequeño es un híbrido entre el mayor y yo, fue prematuro pero nació relajado.

Bueno, de bebé era un fiasco. No comía nada. Sólo quería que mi madre me diese los potitos (se sobreentiende que la parte en la que tomo el biberón, que no teta, se omite pues no tiene mucho misterio) y cada vez que la asistenta me intentaba dar de comer yo le escupía la comida en toda la jeta. Bueno, fue divertido hasta la toma de medidas drásticas, en la que mi queridísima madre decidió que si no comía de la mano de la asistenta, no comía. Al parecer, según cuentan ya que yo ni me acuerdo, pasé hambre. Un poco hijos de puta si que eran, un pobre niño indefenso… Bueno, hasta la rata más tonta aprende. Yo aprendí.

Joder, esto de escribir a lo Irvin Welsh no está tan mal. Estaba ya un poco trastornado de tanto misticismo (leer otras entradas del blog). Por cierto, hablo del blog, y a lo mejor llega un día en que esto no se lea en un blog, sino en otro lado, así que os dejo aquí un pequeño enlace de publicidad:
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Prosigo con el relato fantástico de mi edulcorada vida. Tocó ir a la guardería y sin problema aparente. En el colegio, por algún capricho del destino, o mío, comencé a engordar. Qué gran putada, con perdón, para un niño, el hecho de ser obeso. ¿Quién de vosotros, cabroncetes, no se rió alguna vez de algún pobre gordito en el cole? El caso es que mi madre, para la merienda, me daba manzanas, las cuales yo cambiaba con algún desdichado inculto por su bocata de nocilla. Mmmm, todavía recuerdo ese sabor... Es una lástima que ahora el dulce y yo seamos simples conocidos. A veces ni nos saludamos. Debió de ser al adelgazar, pero bueno, eso viene más adelante, ¡no nos precipitemos!

Os fijaréis en que mi infancia está siendo relatada de forma más o menos rápida. Es a causa de mi poca memoria, de que no quiero recordar o de que simplemente esta etapa de mi vida me aburre más de lo que os puede estar aburriéndoos a vosotros. Pero tranquilos, ¡aquí llega mi primer acto delictivo! Fue una suerte ser menor de 13 años y por tanto ser un ser incapaz (capacidad de obrar muy limitada) con arreglo a la Ley vigente (lo que significa que era impune a todos sus efectos) Estaba yo en el RACE, a las afueras de Madrid (por si no lo he dicho, soy de Madrid, España). El RACE es la Real Automóvil Club de España y tenía una especie como de club social con restaurantes, piscinas, columpios. Solíamos ir algunos domingos allí. Teníamos amiguitos, mi hermano mayor y yo, hijos de los amigos de mis padres, con los que jugábamos durante aproximadamente todo el puto día. Éramos incansables. De hecho, uno de esos amiguitos era Fernando Blasco, muy a nuestro pesar, falleció en Irlanda en un atentado del IRA: aquel que pilló en el verano del 98. Supongo que os acordaréis, fue en el único en el que murieron españoles. Pero no nos desviemos del tema.

El caso es que estaba mi amiguito Juanjo, de 8 años en un columpio, y llega un notas de 10, y le obliga a bajar por medio de la violencia del columpio. No te jode. La ley del más fuerte. Pues para fuertes yo, cabronazo, ¡te vas a enterar! Vaya paliza. Según mi padre, me tuvieron que sacar de ahí porque las madres decían que no se me podía sacar de casa, que me medicasen o algo. Huelga decir que el chaval salió de allí en ambulancia. Que se joda, creo que aprendió la lección. Puto abusón. ¿No sabes que a las bolitas de grasa rellenas de queso no hay que cabrearnos? No murió, me hubiese enterado. Sólo un “pequeño” correctivo. En mi casa se asustaron, como para no. Casi lo mato, literalmente. Estuvimos un par de añitos sin pasar por el RACE. Yo por aquel entonces no llegué a comprender bien el por qué.

Haré un inciso para dedicárselo a mis padres. Con mis veinte años, mañana veintiuno, he llegado a una conclusión: son la polla. Nos han apoyado en todo y han sido ejemplares para con los tres fieras que somos sus hijos. Bueno, ya está, que como lean esto se crecen y me vuelven a poner hora de llegada.

El caso, que mi agresividad no es que empezase a aflorar, sino que como iba ganando más masa muscular (grasa) y me iba haciendo grande y fuerte (gordo), las cosas empezaban a cambiar, y esta se empezaba a hacer patente. Lo que antes consentía por un cromo, ahora conllevaba desgracia y destrucción en el patio. Bueno, quizás me esté flipando un poco; no creo que ni la mitad de mis compañeros de primaria se acuerde de mi como “el matón”. Más bien como “aquel gordito alegre… ”Creo que mi autoestima se está empezando a desmoronar. A ver si llegamos ya a la adolescencia...

Por estas fechas nació mi hermano pequeño. Diez años después que yo. Sigue siendo un enano al que quiero mogollón, sobretodo porque es mi pupilo y ha de aprender de mí lo que el pasota de su hermano mayor suda de enseñarle. A él también le quiero. Creo que quiero a toda mi familia. A mis padres, mis tios, mis abuelos, mis primos. Si, debe de ser lo normal.

Mi problema es que yo tenía mucha rabia acumulada. Y cuando me daba me pegaba con quién fuera. Daba igual, hombre o mujer, mayor o pequeño. El caso es que a veces perdía y otras no. En primaria llegaron a amarme. Pero llegó la ESO, y se les ocurrió meter pibas. Entonces la cosa giró bruscamente. Lo de ser gordito ya no era gracioso. Era bochornoso. Las burlas crueles que antes se respondían con guantazos, ahora eran humillantes, pues ¿cómo iba yo a defenderme ante burlas sutiles delante de las niñas? A guantazos no era la manera. O si. Pero me cohibí. Tenía que buscar una salida. Adelgazar no procedía. Mi destino era adelgazar después. Asique me encerré en mí mismo. Mi hermano repitió y mis notas empezaron a ir mal. Se me olvidó decir que mejoré mi inglés en Inglaterra, en quinto y sexto. Sin mayor relevancia.

Sigo.

Hago otro inciso para dedicárselo a mi hermano mayor, gran lector y actual periodista de profesión y estudiante de historia en la universidad, ya que en esta época me hizo enganchar a ese gran vicio que tengo que son los libros. Empecé a leer literatura fantástica y, a pesar de que ahora leo de todo (novela histórica, biografías, novela negra, psicológica, poesía, etc), sigo leyéndo a mis dragones y caballeros, a mis elfos y enanos. A todos ellos, junto con mi hermano, doy las gracias.

Entonces, me empecé a juntar con gentuza. Gentuza de Chamartín, que incluye en su flora y fauna a pseudo gitanos de Manoteras y demás especímenes como grafiteros, pokeros, etc... Bueno, hasta aquí este primer episodio. Bastante elegante ¿no? Espero no haberos aburrido mucho. Por cierto, si sois niños y queréis matar a alguien que os haya levantado un columpio, el camino es el siguiente: le empujáis, cuando está en el suelo os ponéis encima y, si sois gordos como lo era yo, os costará poco retenerle debajo, si no, lo que deberéis hacer es proceder con rapidez: y cogerle de las solapas y empezar a sacudirle para que en cada espasmo su cabeza golpee contra el suelo. Así se me contaron que lo hice yo. Yo de esa parte no me acuerdo. Supongo que estaría cegado por el odio. Si, lo más seguro es que fuera eso.

Estés donde estes, niño roba-columpios, no me odies.